El músico policía y Carlos Barros

HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL

Publicado: 15 jul 2026 - 07:11
El historiador Carlos Barros en los años setenta.
El historiador Carlos Barros en los años setenta.

Los que tenemos cierta edad y perspectiva de aquellos últimos años del franquismo y los primeros de la democracia guardamos especial respeto a quienes con enorme riesgo y sacrificio personal representaron y ejercieron la vanguardia de la libertad, bien desde el movimiento obrero, los sindicatos o las formaciones democráticas. Ya les hemos contado aquí episodios curiosos de aquel tiempo, como la recordada ocasión en que en el propio Liceo ourensano, José Afonso, acompañado de Benedicto, interpretó “Grândola,nvila morena”, que pondría en marcha la revolución de los claveles en el vecino Portugal, tiempos después.

Barros había comenzado su compromiso en el sindicato democrático de estudiantes en Madrid y en partido comunista. Pero fue en Vigo donde llegó a ser una pieza fundamental de los movimientos democráticos"

Muchos de aquellos hombres y mujeres fueron ya desapareciendo, pero quedan otros. Uno de ellos es el profesor Carlos Barros Guimeráns. Yo lo conocí en Vigo cuando era una de las vanguardias del Partido Comunista. El hoy reconocido historiador fue en principio ingeniero industrial por Vigo y, más tarde, su vida intelectual viró hacia la historia y las humanidades, donde hoy es una reconocida autoridad en historia medieval. Hoy es director-fundador de Historia a Debate.

¿Por qué motivo lo traigo hoy a este almacén de historia? Pues porque la suya está vinculada a un personaje de por aquí. El sujeto era músico en una banda de música, bien conocido; pero luego se hizo policía. Y como tal alcanzó fama como uno de los más tenebrosos torturadores de aquellos que caían en sus manos. Carlos Barros fue uno de ellos. Barros había comenzado su compromiso en el sindicato democrático de estudiantes en Madrid y en partido comunista. Pero fue en Vigo donde llegó a ser una pieza fundamental de los movimientos democráticos. Fue el más joven y activo miembro del comité central del Partido Comunista.

Aunque él siempre ha eludido recordar ese episodio, es conocido que cuando fue detenido fue sometido a un trato inhumando por ese personaje que los ourensanos vieron desfilar en actos y procesiones en una banda de música. Barros participó en la creación de la Junta Democrática y fue uno de los principales organizadores de la manifestación del 4 de diciembre de 1977 en la que toda Galicia se concentró en la gran manifestación a favor de la autonomía.

Hoy en día, aquel ingeniero industrial es una de las más reconocidas autoridades en historia medieval. En 1986 se licenció en Geografía e Historia (Especialidad Historia Medieval) por la Universidad de Santiago de Compostela mediante la defensa de la memoria de licenciatura “Xusticia e Santa Irmandade. Mentalidades colectivas e conflictos sociais na Galicia baixomedieval”. El doctorado lo alcanzó con la tesis titulada “Mentalidad y revuelta en la Galicia irmandiña: favorables y contrarios”.

Aquel joven idealista al que conocimos de muy joven en los agitados días de los primeros años setenta en medio de las agitaciones del movimiento obrero, sería luego profesor de la Universidad de Santiago, con una densa y variada obra, y una vinculación destacada a diversas instituciones españoles e internacionales dedicadas a la Historia. Es uno de los más densos estudiosos de las revueltas irmandiñas. Hoy en día su actividad se proyecta en diversos ámbitos, entre los que destaca, tras ser su fundador, la coordinación de la red académica internacional de historiadores Historia a Debate, que organiza congresos de elevado nivel. Forma parte de la cabecera del gran movimiento de modernos historiadores de cerca de cuarenta países para mejorar y actualizar la metodología de los estudios sobre la materia.

Pero en Ourense, quienes lo conocimos y conocemos su historia personal, que tiene la altura moral de no citar, sí queremos recordar el sufrimiento que le proporcionó un sujeto que habíamos visto pasar por nuestras calles tocando no sé qué instrumento. Los supervivientes de aquellos lejanos días no lo han olvidado, pues no deja de ser insólito que quien se suponía una persona que amaba la música llegara a convertirse en el personaje en que se convirtió.

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