El piso de cemento uniforme

LA CIUDAD QUE TODAVÍA ESTÁ

Publicado: 15 jul 2026 - 06:40
El piso de cemento uniforme
El piso de cemento uniforme | José Paz

Nuestro ojo humano necesita un cierto sentido de la armonía. Además de hacerse fuerte en la complejidad y apreciar lo diverso (la naturaleza en estado salvaje es así), se ve reconfortado por las secuencias ordenadas, donde una belleza silenciosa se repite en formas distintas. Cuando esto sucede en la arquitectura lo sentimos como un masaje espiritual, como un reencuentro con la calma. Parece que sintiéramos que los antiguos, los de antes, los que han hecho esto, han conseguido una fórmula hermosa y noble que repiten por respeto a sí mismos. Y que esta repetición nos hace mejores al contemplarla.

Pero sí, la zona vieja de Auria, la Auria moral, continúa siendo la pequeña Numancia donde resisten la belleza y el buen gusto"

Por desgracia, en la Auria del tutti-fruti, lo bien hecho no está secuenciado y, si se repite, es por casualidad. Lo más normal, lo que duramente vamos normalizando y tragando con aceite de ricino, es lo desafortunado. El remiendo y el desastre. Todavía nos queda la zona vieja, podemos pensar, donde reina la armonía y un sentido de calma, pero con la veda de la mediocridad abierta, nada garantiza que el patrimonio permanezca. Pero sí, la zona vieja de Auria, la Auria moral, continúa siendo la pequeña Numancia donde resisten la belleza y el buen gusto. Belleza y buen gusto pasados, que certifican que los ciudadanos contemporáneos no sólo son incapaces de mantenerlo, sino de proponer arquitecturas a un nivel semejante y que, en definitiva, todo está perdido y, en dos generaciones más de alcalduchos iletrados, se acabará para siempre con un patrimonio milenario. Mientras, hasta que lo arrasen todo, le queda al corazón un pequeño relajo, lleno de nostalgia y cierta rabia, pero también rebosante de belleza, que es mucha, a pesar de la guerra declarada. En la Auria vieja, aunque en retroceso, todavía quedan calles pavimentadas con sillares de piedra. Estas calles son medicina para el corazón, a pesar de todo, del ruido, del tráfico a motor, de las luces enemigas, de la caries de las reformas de mal gusto. Esto se siente terapéutico.

Conviene recordar que todo pavimento es un abuso del suelo, una tapa mortal a la sagrada respiración del mundo, un vendaje que impide el aliento de la tierra y engendra la enfermedad. Pero en las ciudades el pie necesita firmeza y aislamiento. Qué le vamos a hacer. Y fuera de lo viejo, apenas hay en Auria un pavimento uniforme que tranquilice al paseante y le recuerde que hay un sentido de armonía, de hacer bien las cosas, de no probar fórmulas descabelladas constantemente. Cada pequeño grupo de calles está salpimentada de un estilo, a cada cual más feo, de aceras que van del cuadrado gris ochentero a las baldosas coloradas y blancas con las que algún proveedor se habrá forrado en una época no muy lejana y que se llevan feamente con el resto de la ciudad. En los barrios de aluvión, que ya salen en las guías como ejemplos de urbanismo canalla, de aceras estrechas y ausencia total de árboles, reina también este estilo improvisatorio, con parches y ñapas sucesivas. En este sitio de lluvias, las baldosas sin mantenimiento, por las que pasan impunemente todo tipo de vehículos, son, además de siniestras, trampas para los peatones. Por eso, se antoja una solución más cabal cuando las aceras se resuelven con lenguas de cemento uniforme, que elimina el uso de baldosas y da un aire de unidad a este vividero-frankenstein. Son estos lienzos de calle, como en el intento que se prueba en la avenida de las Caldas (sin olvidar que el carril bici está destinado a ser un fracaso hasta que se pacifique el tráfico a motor) los que hacen pensar en fórmulas baratas y pseudo amables, que podrían traerle a esta ciudad una suerte de futuro. Quizá haya sido una casualidad. Pero lo hermoso es también sencillo.

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