Manuel Herminio Iglesias
DENDE SEIXO-ALBO
A realidade supera á ficción
En estas fechas en las que el curso escolar ha llegado a su fin, el debate educativo está más presente en los medios de comunicación y, por lo tanto, las opiniones sobre el tema con o sin conocimiento de causa se multiplican. A esto se suma el informe PISA que, una vez más, pone en evidencia que seguimos siendo el furgón de cola de la OCDE en materia de Educación.
Todo ello origina un sentimiento generalizado de desaliento que solo conduce a reproches mutuos y a declaraciones de titular. Como no podemos perder más tiempo, lo que en realidad se necesita son políticas educativas que generen credibilidad, entusiasmo y resultados tanto a corto como a medio plazo.
Sin ir más lejos, el ex ministro logsiano de Educación, Alfredo P. Rubalcaba, en plena campaña de autopromoción, ha pretendido recientemente distraer nuestra atención de un asunto tan transcendental como la deriva que en la actualidad sufre nuestra Educación, haciéndonos creer que el remedio radica en crear una especie de MIR para docentes. No estoy en contra de un MIR docente siempre que se trate de un proceso de excelencia, pero sí lo estoy si entiendo que su finalidad no es otra que la de suplir carencias o llevar a cabo una selección que tendría que haberse producido a lo largo de todo el trayecto educativo de la persona. Sería fácil, efectivamente, si la clave del fracaso escolar residiese en la mayor o menor preparación del profesorado, pero no es así.
Sin embargo, las causas son más profundas y la mayoría tienen sus raíces en la LOGSE -una ley con fuertes debilidades técnicas- que no sólo no supo aunar calidad y cantidad sino que además no dudó en sacrificar la primera en favor de la segunda. Aun hoy seguimos sufriendo las consecuencias dado que la actual Ley de Educación es heredera directa de la LOGSE, lo que la ha convertido en el escollo que ha impedido alcanzar en los últimos años un pacto nacional de la Educación.
En el momento actual, en el que España debería estar inmersa en afrontar el desafío de un mundo globalizado, no nos podemos permitir el lujo de seguir descuidando la Educación. Por ello, se hace necesario volver a partir de cero y establecer las necesidades educativas sobre unas bases de calidad y no políticas. No obstante, no debemos olvidar que la Educación es un servicio público que necesita recursos tanto económicos como humanos para lograr un nuevo modelo educativo estable y de consenso real que asiente sus bases sobre unos pilares sólidos como son, entre otros, el esfuerzo, la convivencia, el talento y la excelencia y en el que los dos grandes ejes de las Ciencias y las Humanidades no deben excluirse mutuamente.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Manuel Herminio Iglesias
DENDE SEIXO-ALBO
A realidade supera á ficción
Luís Celeiro
TÍA MANUELA
A primeira reitora
Jenaro Castro
MORRIÑA.COM
Marco Polo Pedro
Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
En Portada: ¿Por qué arde Ourense?
Lo último