¿El ocaso de las Universidades?

Publicado: 06 ene 2026 - 03:05

Opinión en La Región
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Allá por el año 1996, y con motivo de la celebración de unas jornadas de la Asociación de la Economía de la Educación, tuve la oportunidad de elaborar una comunicación sobre el protagonismo de la Universidad desde la perspectiva del desarrollo económico local y regional. Nada extraordinario, dicho sea de paso, simplemente una breve reflexión que trataba de conjugar la normativa regulatoria de la educación superior en España con las teorías del desarrollo territorial en boga por aquel entonces. Es decir, considerando que la Ley de Reforma Universitaria de 1983 establecía como función de la Universidad, entre otras, el apoyo científico y técnico al desarrollo cultural, social y económico de las Comunidades Autónomas, argumentaba como la contribución a la generación y divulgación de conocimiento y, por tanto, a la cualificación de recursos humanos, propiciaría un mayor crecimiento de los diferentes territorios del país. En consecuencia, el relato hacía mención expresa a la creación de un clima propenso al cambio, al desarrollo de una cultura técnica a nivel local y regional que fomentase proyectos empresariales autóctonos, y a la generación, transmisión y difusión de tecnología hacia el tejido productivo. Según algunos autores de la época, las Universidades estaban llamadas a desempeñar nuevas funciones económicas, acercarse a las empresas, hacerse en parte empresas de conocimiento, comprometerse con el desarrollo de su entorno, convertirse en puntos focales de los modelos de crecimiento y, en la medida de sus posibilidades, abrirse y participar en procesos de internacionalización.

Pero el camino no se adivinaba fácil de recorrer. Por aquel entonces, la OCDE alertaba de la existencia de disfunciones relevantes en la relación entre las Universidades y las pequeñas y medianas empresas que dificultaban la cooperación en materia de investigación y desarrollo, y entorpecían la difusión del conocimiento en buena parte del sistema productivo. Eran cuestiones relacionadas con el carácter de la investigación preponderante en las Universidades, con el tipo de lenguaje utilizado por el personal académico o con la particular concepción del tiempo de los investigadores, a las que algunos sumábamos un cierto menosprecio hacia lo inmediato y cotidiano, y una mayor predisposición a aventurarse en proyectos denominados de “alto calado y excelencia”. La inquietud por la dimensión local de la realidad se percibía por no pocos académicos como propia de comunidades cerradas y escasamente innovadoras, y era estigmatizada por contrapuesta a la naturaleza “universal” del cometido de las entidades comprometidas con la educación superior.

Un panorama que propicia una significativa pérdida de confianza ciudadana en el sistema de educación superior británico

En diciembre pasado, la acreditada revista académica Political Quarterly publicó un artículo elaborado por los profesores Chayton y Tomaney en el que se resume la particular crisis que atraviesan las Universidades británicas, en otro tiempo ensalzadas por su contribución a la economía del conocimiento y a la movilidad social, pero hoy cuestionadas por su carácter elitista y por prestar escasa atención a las necesidades públicas. En tal sentido, y más allá de las connotaciones populistas de algunas críticas, destacados líderes sociales han puesto en entredicho la excesiva concentración de la educación superior en las zonas más prosperas del Reino Unido y el enfoque intensivo de las Universidades en una investigación cuyos avances tienen escaso impacto en las comunidades más desfavorecidas y afectadas por la desindustrialización. Un panorama que propicia una significativa pérdida de confianza ciudadana en el sistema de educación superior británico, al que consecuentemente se interpela por su más que aparente contribución a la intensificación en los ya históricos desequilibrios territoriales que vive el país. Y dadas las particularidades del mundo que nos ocupa y asumiendo la facilidad con la se transmiten los estados de ánimo, la pregunta resulta inmediata, ¿estaremos ante el ocaso de las Universidades tal cual las hemos concebido? El tiempo lo dirá.

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