Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Museo José Suárez, clic en Allariz
DÍAS Y COPLAS
El otoño es una estación de cambios y la Historia viene a demostrárnoslo. Se descubrió América un 12 de octubre de 1492 dando paso a un nuevo ciclo mundial; el mismo Muro de Berlín cayó en noviembre de 1989 y con él la guerra fría trayendo una Alemania unificada. Solo dos ejemplos y toca que el hemisferio sur reciba más radiación solar, y sea el norte el que la disminuya. Los estudiosos del comportamiento humano saben de la influencia del clima en el carácter. Cuando menos el otoño se presta al recogimiento y tiene que haber una actitud positiva, nada de impotencia o resignación con lo que tenemos porque el mismo Imperio Romano cayó en el año 476 marcando el fin de la Antigüedad. La naturaleza se prepara y en este proceso, nos regala las setas. Estas pequeñas maravillas proliferan con reflejo en la condición humana. Al igual que ellas, la política puede ser un terreno fértil para el crecimiento y el desarrollo y para la corrupción y la decadencia. Las setas crecen en la oscuridad, alimentándose de materia orgánica en descomposición y la política tiene hoy mucha negrura de ignorancia y manipulación, alimentada de desinformación y polarización.
La variedad de setas es asombrosa, y cada una tiene su propio sabor y textura. De la misma manera, la política es una amplia gama de ideologías y perspectivas; pero, al igual que las setas, la política es terreno resbaloso. Y este otoño el gobierno que resiste siente caídas de hojas secas. Hecho necesario para poder renacer este país. La intolerancia, la corrupción, la manipulación y la polarización son algunas de esas hojas sin clorofila que llegarán al suelo. Estas actitudes y comportamientos serán beneficiosas para la salud de la democracia y para el bienestar de la sociedad y al dejar que caigan, podremos pensar en la creación de un espacio para que broten nuevas ideas y perspectivas.
En el sentido de mi exposición de hoy, el otoño de las setas y la caída de las hojas nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de la política y nuestra propia relación con ella. ¿Estamos cultivando un jardín de setas saludables, o estamos permitiendo que la corrupción y la decadencia se apoderen de él? ¿Estamos siendo conscientes de la diversidad y la complejidad de la política, o estamos simplificando y reduciendo todo a una sola perspectiva?
Solo así seremos capaces de crear un jardín de setas saludables, valoradas y respetadas, y donde las hojas de la intolerancia y la corrupción caigan para dar paso a un Renacimiento
En última instancia, el otoño de las setas y la caída de la hoja nos recuerda que la política es un reflejo de la naturaleza humana, con todas sus complejidades y contradicciones. Y es en este sentir como deberíamos abordar la política, con una mezcla de pasión y razón, de idealismo y pragmatismo. Solo así seremos capaces de crear un jardín de setas saludables, valoradas y respetadas, y donde las hojas de la intolerancia y la corrupción caigan para dar paso a un Renacimiento. Son propósitos otoñales. La esperanza está, y con ella se mueve la resignación. Y la resignación puede ser un obstáculo para alcanzar nuestros objetivos; aunque en ocasiones sea una forma de aceptar y adaptarse a situaciones fuera de nuestro control. Otras nos lleva a la inacción y la falta de estímulo. Cuando nos resignamos, podemos caer en una trampa de pensamiento que nos hace creer que no tenemos el poder de cambiar nuestra situación. Cuidado, ello puede llevarnos a dejar que otros tomen decisiones por nosotros y concluir que somos incapaces de lograr nuestros propósitos.
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