Jesús Prieto Guijo
AKA Mini Ali, del Bronx a Ourense
PERDÓN POR LA MOLESTIA
Ya lo cantaba Quilapayún, luego Ana Belén y Víctor Manuel durante la transición del poncho a la arruga del lino de Adolfo Domínguez: "Al corazón del amigo / ¡abre la muralla! / Al veneno y al puñal / ¡cierra la muralla!" La "gauche divine" ya tenía en los 70 sus musas y Ana era una de ellas. "La muralla" es en realidad un poema del cubano Nicolás Guillén que se entrega a la dicotomía del bien y el mal, a la reivindicación perenne de los derechos y la libertad. Han descorchado el envase de la inmigración en España como una botella de cava y está haciendo ruido. Por una parte, el Gobierno sigue cómodo en la creencia de que "To er mundo é güeno" del Manolo Summers de los 80 y que pase todo dios, que al fondo hay sitio. Por la otra, la derecha ha hecho suyo el título de un delicioso son del Gran Combo de Puerto Rico: "No hay cama pa tanta gente".
La Región, en el clásico periodismo del cantos somos e a como tocamos, deduce que este año entran cada día 14 inmigrantes.
La regularización masiva ha tensionado el escenario político (no hacía falta, están de los nervios todo el día) y ha supuesto un test de resistencia para la ventanilla administrativa. No estaba preparada, sin duda. Pero el abre la muralla retoma el debate sobre el mestizaje poblacional al que estamos predestinados. A mi aldea llegó hace muchos años desde el vecino país para ganarse la vida un jornalero que aún hoy es conocido como "portugués". Imposible ahora identificar a los forasteros por su gentilicio, de tantos que hay. La Región, en el clásico periodismo del cantos somos e a como tocamos, deduce que este año entran cada día 14 inmigrantes. Los datos oficiales predicen que en diez años casi el 24% de la población habrá nacido fuera y que en esa misma década contabilizaremos 37.282 defunciones más que nacimientos. Biológicamente nuestro censo está lleno de carballos y otras especies nobles del bosque, longevos y bien enraizados, pero ya sin el valor de antaño porque la rentabilidad hoy está en el eucalipto, por mucho que se acote su siembra.
Me quedé con una frase de Teresa de Calcuta (creo), sin apostar todo a la certeza de su autoría: "Pasamos mucho tiempo ganándonos la vida, pero no el suficiente viviéndola". El aserto podría ser firmado por Yolanda Díaz como preámbulo a una de sus normas laborales, pero no. El torrente de inmigrantes, muchos sin legalizar, vienen a esta tierra a ganarse la vida, que para ellos es también vivirla teniendo en cuenta de donde vienen. La mayoría trabajan aquí en lo que pueden o encuentran, que suelen ser puestos desdeñados por los nuestros, no nos engañemos. Uno de ellos decía en estas páginas tener estudios pero no poder acreditarlos por falta de documentación. Por lo tanto solo se abren las puertas de los empleos menos cualificados, donde no siempre se respetan los derechos. Da la sensación como si estuviesen aún un escalón por debajo en lo que les corresponde. Tenía un jefe que solía repetir que la principal libertad es la del estómago. Si tienes el buche lleno y no dependes del favor ajeno eres verdaderamente libre. En la disyuntiva de trabajar aún soportando y no hacerlo, y llamar a la puerta de la beneficencia, está clara la elección. Este debate sigue abierto, sobre todo con la regularización de los inmigrantes. Sí, porque los de aquí ya están en otra fase. La geriatra e investigadora María Montoya afirmaba en una entrevista que "ya no aceptamos el modelo de sacrificio sin límites, queremos dormir, tener vida personal". Algo parecido a lo de Teresa de Calcuta, con toda lógica. No está en su mejor momento la tarifa plana laboral, el 24/7 al servicio de la empresa o la causa y hay muchos empresarios que aún no han tomado nota pese a constatar su incapacidad para retener al personal. Ahora bien, otra cosa es la fragilidad atribuida a las nuevas generaciones, la escasa tolerancia a la frustración, la débil disciplina del esfuerzo o la superación. "Nunca una excusa nos hizo ganar un partido", dijo Toni Nadal. Hay muchos inmigrantes que tienen esa lección muy aprendida y salen al campo a ganar.
Entre las profundas huellas del covid 19 perviven las llamadas colas del hambre, multitudes que entonces esperaban por ayuda alimentaria. El proceso de regularización de emigrantes recupera las filas de la indignidad, el escaparate de la necesidad, la exposición pública de quien urge amparo, para que lo vean bien todos, incluso los señalen si les apetece. Los soportales de la Praza Maior ofrecían esa falta de sensibilidad y de medios que tan bien ha germinado en el Concello. Las esperas ante las ventanillas de casi toda la Administración nos retrotrae a la España de Larra, a la indolencia del mostrador y al funcionario con visera y manguitos pidiendo la póliza y la fe de vida. En plena revolución digital todavía hay procesos presenciales que son una burla y un abuso. Sé de quien ha tirado de recomendación, como en el antiguo régimen, para conseguir día para arreglar papeles en Comisaría. Crecen las sospechas de mafias que trafican con las citas con muy poca preocupación por la investigación. Para obtener vez en el DNI hay que esperar casi un mes en Ourense, pero la gente está acostumbrada a ser zarandeada y se desahoga en el bar, no presentando una reclamación. Pero no solo la Administración campa a sus anchas. Qué obedientes esperan los clientes del banco a ser atendidos después de sacar número o pedir cita con días de antelación. Y eso que es por cosas de su dinero, imagínense que fuesen por una ayuda para comer.
Mira tú lo reconfortante que resulta ver que al menos algún día al año los libros toman la calle, caso del 23 de abril. Mira tú como algunas personas matan su curiosidad al menos mirando tapas, leyendo títulos y sinopsis para adentrarse en la lectura. Mira tú como en estos tiempos de la superficialidad en el análisis, del espíritu crítico inducido y las reflexiones de microondas algunos creemos que no está todo perdido cuando alguien toma en la mano un ejemplar con la esperanza de leerlo, claro. Mira tú a este respecto lo que escribió Michael Ende en La historia interminable: "Me gustaría saber qué pasa en un libro cuando está cerrado. Naturalmente dentro hay solo letras impresas pero sin embargo algo debe pasar porque cuando lo abro aparece de pronto una historia entera". Mira tú como al tener un libro entre las manos se cultiva un delicioso ejercicio de libertad, meterle mano sin pudor y si no convence su texto, echarlo a un lado y buscar otro, claro. Mira tú.
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