Carlos Risco
COSAS QUE CONVIENEN
Ir cumpliendo grandes sueños
SENDA 0011
Cada semana abro el correo y tengo uno nuevo. Un laboratorio ha sacado un modelo de inteligencia artificial más rápido, más barato, más listo. A los diez días vuelve a ocurrir. La industria se ha metido en una carrera vertiginosa y los titulares corren con ella: récords, comparativas, voces encendidas proclamando que este sí es el modelo que lo cambia todo. Hasta el siguiente.
Quien me conoce sabe que esa carrera me apasiona, profesionalmente y personalmente. Pero, si me pongo el gorro del directivo que intenta decidir dónde va a invertir su empresa los próximos tres años, cada vez tengo más claro algo incómodo: esa carrera, precisamente, es lo que menos debería importarle. De hecho, preocuparse por ella es, para la mayoría de empresas, una trampa.
Me explico. Elegir modelo en 2026 se parece cada vez más a elegir compañía eléctrica en 1995. Todos encienden la misma bombilla. El suministro es importante (sin él no hay fábrica), pero dejó de ser un factor estratégico hace mucho. Lo que decidía quién ganaba en aquella industria no era el proveedor de la corriente, sino qué hacías con ella: qué maquinaria montabas, qué procesos diseñabas, qué producto vendías al final de la línea. La electricidad era el sustrato, no la estrategia.
Con los grandes modelos de inteligencia artificial está pasando lo mismo, solo que a una velocidad histórica nunca vista. En menos de tres años hemos pasado de tenerlos como juguete de laboratorio a tenerlos como servicio disponible para cualquier empresa del mundo. Tu mejor competidor y tú accedéis exactamente al mismo motor. Y dentro de seis meses, ambos accederéis a uno mejor, probablemente por menos dinero. Por eso, el debate de “qué modelo elegir” es, en el fondo, un debate de fontanería. Importante, pero no el que decide la partida.
El debate que sí decide la partida, y que casi nadie está teniendo, es otro. Es qué está haciendo tu empresa con lo que solo tu empresa tiene. Sus datos. Sus procesos. Su criterio de decisión cuando nada encaja con el manual. Su forma peculiar de responder a un cliente difícil, de negociar un precio, de decidir si un proyecto se acepta o no. Eso sí es único. Eso es lo que no se compra, no se licencia y no se descarga. Se construye durante años, decisión a decisión, y la mayoría de compañías lo lleva acumulando sin saberlo, disperso entre la cabeza de sus veteranos, el correo interno y alguna reunión sin acta. Un tesoro sin inventariar.
La paradoja de la carrera de modelos es esta: cuanto más avanzan, menos importa elegir uno concreto, y más importa lo que cada empresa ha preparado debajo. Un modelo muy bueno alimentado con el caos documental de una compañía media produce respuestas brillantes sobre nada. Un modelo discreto alimentado con el contexto bien estructurado de una empresa seria produce respuestas útiles sobre lo que hay que decidir mañana. La diferencia no la marca el motor. La marca el combustible, y el combustible se fabrica en casa.
Cuando veo consejos debatiendo una hora qué proveedor contratar, con directivos que vienen de una feria donde les han dicho que el suyo es mejor, pienso que repetimos un error clásico: confundir el ruido del mercado con la estrategia de la compañía. En los años dos mil muchas empresas se gastaron fortunas en webs preciosas que no vendían, porque el problema nunca fue la web. Era todo lo demás. Me temo que estamos a punto de repetir ese esquema con la inteligencia artificial, solo que esta vez a mayor velocidad y con más dinero en juego.
Por eso, cuando alguien me pregunta qué modelo usar en su empresa, cada vez respondo lo mismo. Es la pregunta equivocada. La buena es otra: qué sabe tu empresa que hoy no podría explicarle a una máquina, y cuánto de eso se va a jubilar antes de que lo documentéis. Esa conversación da vértigo, porque obliga a mirar hacia dentro en lugar de hacia la siguiente gran noticia tecnológica. Pero es la única que, dentro de dos años, habrá separado a las empresas que aprovecharon esta ola de las que solo se mojaron mirándola pasar. El motor, se lo aseguro, acabará siendo gratis. El resto no.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Carlos Risco
COSAS QUE CONVIENEN
Ir cumpliendo grandes sueños
Jesús Prieto Guijo
AKA Mini Ali, del Bronx a Ourense
Jorge Vázquez
SENDA 0011
La trampa del modelo
Antonio Nespereira
PERDÓN POR LA MOLESTIA
Pase todo dios, al fondo hay sitio
Lo último
La Región
HEMEROTECA
Historia en 4 tiempos | Se estudia el emplazamiento de la estación de autobuses de Ourense
UNA VIDA DE COLECCIÓN (XXVII)
Galería | Todo empezó con una carcajada