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Ha ocurrido a veces que un “cabezón”, la escultura de la cabeza de Goya con la que se obsequia a los galardonados con los premios del cine español, ha aparecido en tiendas de anticuarios o chamarilerías porque sus propietarios se han desprendido de ellos, vaya usted a saber por qué causas. Lo mismo ha pasado con algunas estatuillas de los premios Oscar. O sea, que no sería de extrañar que dentro de unos años apareciera en un mercadillo la medalla que se entrega a los galardonados con el premio Nobel de la Paz.
La Fundación Nobel ha recordado a la política venezolana que no es posible el cambio de cromos, que el premio es personal e intransferible
La última titular del premio, la opositora venezolana María Corina Machado, ha declarado su disposición a compartir su premio con Donald Trump, el niño enrabietado que se creía merecedor a él por haber difundido el hecho alternativo de que había acabado con ocho conflictos bélicos. La Fundación Nobel ha recordado a la política venezolana que no es posible el cambio de cromos, que el premio es personal e intransferible, aunque ella crea que, al lograr su concesión, Trump le ha cerrado la puerta a dirigir la transición democrática en su país. Son como niños.
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