La Región
ZONA VERDE
La noche en que las hierbas se vuelven mágicas
Al recorrer las diferentes parroquias del mundo rural de nuestra Diócesis tengo la oportunidad de conocer, personalmente, las necesidades, e ilusiones de nuestras gentes. Últimamente, cada vez con más frecuencia, me he dado cuenta de que una preocupación creciente era la petición a Dios y a sus santos de la lluvia para que pudiera fecundar nuestros campos agostados por los muchos días de sol y de calor.
En estos días en los que la liturgia de la Iglesia nos ofrece la celebración de las Témporas de acción de gracias y perdón, me dirijo a los hijos e hijas de esta Iglesia ourensana para que, obedeciendo a las palabras del Señor: Pedid y se os dará, buscad y encontrareis, llamad y se os abrirá, porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra, y al que llama se le abre ( Mt 7,7-11); le hagamos caso al Señor y pidamos lo que necesitamos y busquemos lo que anhelamos.
Pidamos al Señor, dueño y Señor del Universo, que nos conceda la lluvia benigna que sane nuestras tierras en sequía, llene nuestros embalses y devuelva el verdor de la vida a los campos y montes que acostumbran a embellecer las tierras de Galicia.
A vosotros, hermanos sacerdotes, cuando las normas litúrgicas os lo permitan, celebrad la Misa por diversas circunstancias, las encontrareis en el misal de 2016, sobre todo en la página 1049 y en la anterior edición en la página 956. Hacedlo con esa fe y confianza que nuestras buenas gentes tienen y aprovechad el momento para una sencilla catequesis sobre la importancia de la oración en especial la de petición. Os puede servir para ello lo que dice el catecismo de la Iglesia Católica en los números 2629-2633.
Aprovechando la ocasión y teniendo en cuenta que nos encontramos en el mes del Rosario, os suplico a todos los fieles, hijos de la Iglesia Católica, que por medio de esta oración tan querida para nuestro pueblo pidáis por España y por todas sus gentes para que el Señor nos conceda su gracia para que podamos construir una sociedad más fraterna y unida para que vivamos en paz; y no nos olvidemos de suplicar al Buen Dios que conceda a todos nuestros gobernantes un espíritu abierto al bien común de todos los ciudadanos dentro del marco de las leyes que modelan y regulan nuestra vida como auténticos ciudadanos.
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