Itxu Díaz
EL ÁLAMO
La otra cara del derribo de Orbán
DÍAS Y COPLAS
El planeta sigue negociando el pulso de las potencias, las guerras y los tribunales. En éstos, el juez Peinado se alisa el pelo y apura su jubilación con el prestigio de poner fin a los deberes, la cabeza alta y el respirar tranquilo. A tres cafés de entregar la toga y a dos pasos de la playa, pero Juan Carlos Peinado se ha convertido en un referente por concluir la instrucción de la esposa presidencial y considerar que los indicios llevan a un juicio con jurado. La resolución rechaza el archivo del caso y estima que no hacen falta más diligencias.
Lleva tiempo sorprendiendo al mundo jurídico porque lejos de retirarse a cuidar geranios, ha decidido asumir causas delicadas que tocan al Gobierno, al semigobierno, al subgobierno y a cualquier organismo que huela a poder. Tiene entre manos el prestigio del presidente español, como contagio conyugal, y muy consciente de que ese expediente era mirado de reojo por los compañeros, que lo observaban como enchufe chisporroteando. Lleva décadas ejerciendo con la serenidad de quien sabe que la Justicia es lenta; pero viene de conducir coche manual y sabe de embrague en cuesta. Como una revelación mística se agarró a la solicitud de macrocausa igual que cubrió el formulario de jubilación. Su cuenta atrás preside el sueño del que pueda ser su sustituto, ese interrogante que llegó a tener la pesadilla de una caja sorpresa llena de serpientes.
En el tribunal, la noticia del cierre de la instrucción ha provocado una mezcla de admiración, desconcierto y necesidad urgente de tila. Algunos funcionarios dan por hecho su despedida a lo grande, mientras otros temen que su entusiasmo natural deje la aureola de lo que pudo ser. Mientras tanto, el juez ya ha dejado huella firme en su misión al demostrar que nunca es tarde para comprometerse con la Justicia; aunque sea justo cuando uno está a punto de emprender el Camino de Santiago.
Escenario pintoresco, el presidente rodeado de académicos orientales
Como buen secretario de ayuntamiento que fue y ajeno al revuelo, continúa su camino con la energía de un opositor recién aprobado. Su sucesor ya no piensa en pedir vacaciones anticipadas, un curso de gestión emocional o, según rumores, un traslado a un archivo municipal donde solo haya que ordenar folios amarillos.
La mujer Begoña Gómez deberá ser juzgada por cuatro delitos. Uno, por tráfico de influencias, donde se investiga si intervino por favorecer a determinados empresarios. Dos, por corrupción en los negocios, por supuestas mediaciones con empresas. Tres, por malversación de caudales públicos, presuntamente a través de una asesora de Gómez en la Moncloa. Y cuatro, el famoso delito de apropiación indebida, ese que en los pasillos universitarios se comenta con la misma naturalidad que el precio del café, y que en este caso estaría relacionado con la etapa de la protagonista como directora de una “cátedra de Estudios Variopintos” en la Universidad Complutense. Mientras tanto, en un giro digno de novela por entregas, la pareja presidencial se encontraba de visita oficial en China cuando recibió la noticia del cierre de la instrucción. Un cierre sin posibilidad de archivo, para disgusto de la defensa, que había preparado un argumentario tan largo como un menú degustación.
Escenario pintoresco, el presidente rodeado de académicos orientales; mientras a un lado del planeta se discutía sobre cátedras presuntamente mal gestionadas, al otro se regalaban cátedras como quien entrega abanicos en una verbena.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último
LOS TITULARES DE HOY
La portada de La Región de este jueves, 16 de abril
ORÁCULO DAS BURGAS
Horóscopo del día: jueves, 16 de abril