Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
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Las manifestaciones son como los pésames, no todos expresan sinceridad en el abrazo. A muchos entierros se va por compromiso, por si la familia pasa lista. Al final, tras el funeral, cada uno vuelve a su vida y los familiares del difunto gestionan como pueden el duelo. Cuando se convocan actos reivindicativos pasa algo parecido, no todos van con la misma motivación. Me acordé del paralelismo con la manifestación de protesta contra la pérdida de frecuencias del AVE en la estación de A Gudiña.
Había un buen número de políticos que sabían que estaban dando el pésame a vecinos afectados por los recortes. Acabado el acto, se pliega la pancarta y queda el te acompaño en el sentimiento. Puede ocurrir, como en los óbitos, que no se entere uno del trance hasta días después, con la incomodidad de quedar mal. Pasaron cuatro jornadas desde lo de la concentración en A Gudiña cuando los empresarios enviaron una nota de prensa diciendo que “defienden el acceso al AVE como motor económico y social del rural ourensano”. En el texto durísimos pronunciamientos como que solicitan “una rectificación basada en el diálogo”. A posteriori, el viernes, uanimidad en el pleno de la Diputación (¡qué menos!) para intentar frenar el aldraxe. Ourense comienza ahora a ver la cara del mercado que trae la explotación del AVE. ¿No compensa una parada porque no hay viajeros suficientes? No se para y punto. ¿Qué le importa A Gudiña al resto de políticos gallegos si, por ejemplo, Abel Caballero dijo que en Vigo están contentos porque se reducen los tiempos con Madrid? Más allá del acto de protesta/pésame protagonizado por algunos políticos y de la naíf reacción empresarial, ni en Renfe ni en el Ministerio han levantado una ceja por el caso, para mí que no se han enterado que por la estación de A Gudiña pasó una comitiva fúnebre y que los funerales se oficiaron en la Diputación. Es posible que la confundiesen con la Santa Compaña y su procesión de mortajas a San Andrés de Teixido, como en la novela de Wenceslao Fernández Flórez, El bosque animado.
En los aledaños de la estación de A Ponte —cuyas obras aún no arrancan, al contrario que en el resto de Galicia para desinterés general— brotan actos delictivos, según queja vecinal
El AVE deja las banderas a media asta en A Gudiña y comarca. Una parte de Ourense todavía cree que en el tren, por sí solo, viaja el progreso. La provincia esperó años por el AVE, se advirtió de la necesidad de trazar una estrategia para su aprovechamiento y las instituciones y la sociedad sestearon, y las amenazas entran por A Gudiña. En los aledaños de la estación de A Ponte —cuyas obras aún no arrancan, al contrario que en el resto de Galicia para desinterés general— brotan actos delictivos, según queja vecinal. Si el barrio no es el primero en testar el impulso del AVE y solo ve inseguridad y delito es que las cosas están peor de lo que aparentan. En la terminal se invertirán 111 millones de euros, pero las cosas requieren su tiempo, que en Ourense es una eternidad para compromisos públicos. Aún no tenemos las infraestructuras preparadas, pero sí ya están los carteristas y los pillos para recibir a los forasteros.
Nunca como ahora los partidos en Ourense están tan necesitados de dar de comer a su grey en vez de estar preocupados por dar valor a los recursos existentes
Hay sociedades, como la ourensana, que parecen destinadas solamente a esperar la parca. Así venga el AVE lleno de japoneses o de ingenieros dispuestos a montar una fábrica de semillas genéticamente modificadas para crear garbanzos del mismo color. Quien representa desde las instituciones a esta xentiña anda preocupada por amamantar a su tropa, ávida de que las ubres nutricias del dinero público lleguen a todos los puestiños. Nunca como ahora los partidos en Ourense están tan necesitados de dar de comer a su grey en vez de estar preocupados por dar valor a los recursos existentes, que son muchos y muy importantes. Aquí no ha llegado el luto, pero sí la frustración de carecer de capacidad colectiva y sufrir orfandad de liderazgo. Lo complejo es que van quedando pocas armas para vencer esta melancolía que se ha instalado en las instituciones locales y provinciales, ya incapaces de hacer lo que aconsejaba Gregorio Marañón: “Si la pena no muere, se la mata”. Asombra el conformismo de quienes nos representan, crédulos de que su inflación de fotos y videos en Instagram tapa su incapacidad. Vista la degradación en la que la mayoría han caído solo queda adquirir a nuestros representantes por Internet para que se conviertan en los memes que hacen fortuna en las redes sociales: esto es lo que pides por AliExpress y esto es lo que te llega.
Estas actitudes forman parte de lo que en esta sección se tilda de ourensanadas. Alguna persona me ha preguntado por el significado de este neologismo un poco cutre: diríase de la actitud indolente del nativo de la provincia que espera siempre que los asuntos se arreglen por si solos o por intervención divina favorable, consiguiendo el favor mediante el rezo, mayoritariamente, nunca mediante la perseverancia, el esfuerzo y el respecto. Las ourensanadas se apilan en la memoria colectiva y en la hemeroteca, que algún día revisaremos para solaz del respetable. Mientras, quedémonos con que la gente sigue yendo a los actos de protesta como a los pésames pero los afectados y los familiares no saben si vienen compungidos o comprometidos. Por lo demás, aquí estamos bien, no se olviden que hay 6.664 piscinas en la provincia, como contaba el periódico, pero hay el doble de hogares sin calefacción. Llega el calor, a bañarse todo el mundo. Aún no es invierno, así que tranquilos.
Mira tú la de cosas que han pasado en los últimos 30 años: entre otras, una crisis económica del copón, se han muerto tres papas, la tecnología nos ha hecho más libres/esclavos, hemos sufrido una pandemia, han derribado las Torres Gemelas, se han enquistado los conflictos internacionales, en Ourense ya mandan otros (¿seguro?) y, sobre todo, tenemos 30 años más. Mira tú como en todo este tiempo nadie en el pueblo de Quinta de Ramirás ha querido o ha podido darle a la coyunda con fines reproductores. Mira tú como ahora es un auténtico acontecimiento que nazca en esa aldea Andrea Zamira, tres décadas después del último parto. Mira tú como, de nuevo, ha sido la savia de la inmigración la que ha germinado y ha provocado que se oiga en el vecindario el llanto de un bebé. Mira tú como se ha espantado en Quinta de Ramirás la maldición de Herodes, que aún parece perseguir a decenas de des-poblaciones de la provincia. Mira tú.
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