Luís Celeiro
TÍA MANUELA
Todo quieto, á espera
DEAMBULANDO
Una pictórica mostra del Monxardín Pepelino que para mucho da. Inauguraba en el Valente, esa sala que fue Banco de España, la cual desierta de la función para la que creado en manos estatales permanece, más arrendada al ayuntamiento para eventos y que oí que de cafetería dotarla quieren. Pero vayamos al exponente Monxardas cuyos luminosos cuadros nos retrotraen a la era marina de los asentamientos fenicios a la vera del Mediterráneo, y aun los que a mar abierto, hasta el sur de las Británicas, comerciando en la Galaetiae que luego fue, a la búsqueda del estaño; continuando esa égira con la de sus herederos, los cartagineses de la mítica Dido o de los guerreros Barca; pinturas que evocan la colonización griega de Sicilia y el sur de Italia, la llamada Magna Grecia, cuando todavía de balbucientes pasos la imperial Roma. Monxardín, con un discurso alejado de tópicos retóricos, sin ese corsé que impone la audiencia y uno mismo cuando se cree transitando entre los inmortales. Unas palabras en las que esbozó al salvaje capitalismo con un: hay que atacar la City de Londres, y ese representar su obra como una aristocracia emocional y sentimental. Ideas de un imaginativo credo que este amigo despliega en su “ Arsenal de la Quimera”.
Muchos más que conocidos entre los que Juan Luis Saco, ese erudito de lenguas clásicas que tanta ciencia desplegó en su cátedra, coetáneo y coincidente en aquel Instituto de Enseñanza Media cuando ambos, jóvenes, por aquellos predios vagábamos y su padre era ese don Juan Saco, latinista de imborrable impronta. Sobre lo que escribo me apunta que para algunos de sus amigos les resulto ininteligible en la primera o segunda lectura, y en esto hemos de convenir que sí, por la elusión de verbos, anteponer el adjetivo al sustantivo, las hipérboles y otras figuras del lenguaje, por rescatar ese modus dicenci del Siglo de Oro. Uno se impresiona por todo eso y de que pueda suscitar el mínimo interés por este modus escribendi.
La exposición dio para echar una parrafada con el arqueólogo municipal Eguileta que nos describe cada semana en estas páginas cómo surgió la ciudad y de lo que es la urbana arqueología para este profesor, en sus ocios, tañedor del contrabajo.
De saludos recíprocos con, Carmencita Legido, la también pintora que pocas se pierde, acompañada de una amiga. Inmediatamente encuentro a otro que me repite lo sabido, que ogaño ni un cuadro se vende cuando antaño casi todos.
La prima Maribel me da un par de besos, correspondidos, y le digo que estaré en el Foro donde presenta (ya presentó) a otro periodista con un libro sobre el óbito del Caudillo que en los planes de quienes inmortal le creyeron no estaba, por la imagen que de él proyectando fueron cual Cid a caballo o pintado busto en las públicas fachadas.
Pepelino aderezó la mostra con empanadas de un horno de Cambeo, aguas, y vinos de su menguada cosecha de Beiro da Cima donde alguna cepa le cultivan que da para embotellar y obsequiar a amigos, que mejor ocasión que la presente, para amenizar la luminosa muestra en la que a veces pareciere que más gentes en torno a los pinchos que analizando pinturas.
Me paro con Pepe González, monitor de tenis, cuñado del exponente, que tiene un hijo que destacaba en el tenis. Cambió, me dice, la encordada de tenis por la acorchada de padel donde está entre los mejores 100, da clases, viaja, compite.; entretanto, alguien, del que no recuerdo el nombre, me interpela con tanta familiaridad que yo en la obligación de el trato devolverle.
Con Javier Legido, controlador aéreo, reformado (jubilado), hablo del exponente, mientras Adela, la compañera de Monxardín, atenta a que las empanadas de Cambeo cundan, cuando ya ni restos quedaban, me dice que mereció la pena el viaje al Empalme de Cambeo, Otra amiga, Anxela Guitián, acudía al evento, como toda la parentela del autor, que simpatías y amigos por doquier.
Vagar entre paredes del edificio J. Angel Valente, cuando se abre a luminosos e imaginativos como Monxardín, nos hace rememorar la grandeza del poeta al que se coloca en el Olympo.
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