Manuel Herminio Iglesias
DENDE SEIXO-ALBO
A realidade supera á ficción
En estos tiempos de crisis y de subidas imparables tanto de impuestos como de precios, se me ocurre sugerir a los que nos gobiernan que dediquen algo de su tiempo libre a la lectura de 'Las empresas políticas'. Su autor, Diego de Saavedra y Fajardo, vivió en el siglo XVII y fue el tratadista político más leído en la España de su tiempo, tanto por su experiencia política como por su carácter didáctico.
Saavedra escribió esta obra, con aciertos y defectos, para la educación política del príncipe Baltasar Carlos, el cual, de no ser por su prematura muerte, tendría que haber gobernado en una España sumida también en una profunda crisis económica y social.
Poda y no corta es la leyenda de la empresa política que el escritor dedica a los impuestos, recurriendo a sentencias, máximas de Estado y también a reflexiones más profundas, aunque algunas claramente rechazables para nuestro tiempo. Evidentemente, obviando estas últimas, Saavedra da sabios consejos para los gobernantes que con frecuencia tienden a caer en el error de considerar que en los tiempos difíciles las subidas de impuestos pueden ser la solución a los problemas y por el contrario lo único que consiguen es gravar al pueblo con excesivas cargas impositivas.
El tratadista, valiéndose en ocasiones del árbol como símbolo del Estado, argumenta que podando se obtiene lo justo y le permite seguir produciendo. Así, el buen labrador no corta el árbol para hacer leña, sino que poda las ramas para que pueda volver a brotar. Un símil semejante establece con el pastor que cuida de sus ovejas para que cada año sigan dando leche y lana.
En esta misma línea hace un retrato magistral del sentir del pueblo, que poco difiere del sentir del contribuyente actual en materia de impuestos, cuando escribe: 'El pueblo suele sentir más los daños de la hacienda que los del cuerpo, sobre todo cuando es adquirida con el sudor y la sangre'. Más adelante Saavedra, que era un buen conocedor de las situaciones extremas a la que se vio abocada la economía española a lo largo de la historia por la incapacidad de muchos de sus gobernantes, añade: 'Pero si la necesidad fuera tan urgente, que obligara a grandes tributos, procure emplearlos bien. Porque ninguna otra cosa siente más el pueblo que no ver el fruto del peso que sufre y que la sustancia de sus haciendas se consuma en usos inútiles'.
El mundo ha cambiado mucho desde el siglo XVII al XXI, del mercantilismo a la globalización. Sin embargo, sigue habiendo crisis económicas, sigue habiendo gobernantes incompetentes y de lo que no hay duda es de que el sentir del pueblo sigue siendo el mismo.
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