Itxu Díaz
EL ÁLAMO
Faltaría más
No hay discusión. Huelgan pruebas y ejemplos de cómo la clase política vagabundeó en los años de alegría (no he dicho bonanza) económica por peligrosos derroteros que conducían en no pocas ocasiones hacia lugares pútridos de corrupción. Un buen día apareció la Juticia (siempre me pregunto dónde estaba antes) y puso contra las cuerdas, cuando no contra las rejas a presidentes, ministros, alcaldes, concejales, mamporreros de concejales. Aleluya. Bendita justicia. Se percibió una hiperexcitación judicial. Se pusieron de moda las denuncias, las imputaciones, los políticos que resuelven cada debate en el juzgado de guardia y las ruidosas intervenciones judiciales estelares. Antes podías asesinar a un concejal en un pleno y nadie te denunciaba (por aquello de no judicializar la vida política); ahora puedes acabar sentado en el banquillo si le robas el turno de réplica (a riesgo de que se piense que hemos politizado la vida judicial).
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