Jesús Prieto Guijo
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LAS CLAVES
Sí. El PSOE está tan mal como parece, comienza a advertirse la distancia que marcan dirigentes regionales y municipales con el secretario general del partido y presidente del Gobierno, y hay tensiones internas en el Gobierno, no solo entre Margarita Robles y Marlaska, que está teniendo consecuencias en las relaciones del presidente con la ministra de Defensa con el presidente Sánchez, como se visualizó en el debate sobre Ceuta el pasado jueves.
El incremento de las tensiones internas, que no son nuevas, se agudizaron ante empeño de Sánchez en obligar a media docena de sus ministros en candidatos a distintos gobiernos regionales. No solo fue un estrepitoso y previsible fracaso, sino que provocó desconfianza creciente hacia algunas decisiones de Sánchez que parecían indicar que pretendía mandar a galeras a personas de las que convenía prescindir. Si no es así, entonces está claro que Pedro Sánchez era, es, el único español que no percibe los sentimientos de sus votantes, que claramente llevan tiempo expresando su falta de sintonía, cuando no rechazo, hacia el presidente. Ninguno de los candidatos sanchistas tenía posibilidad de éxito en su aventura electoral.
A todo ello había que añadir que sus socios de gobierno se han ido apartando del presidente, en unos casos por cuestiones electorales -no conviene estar muy cerca de aquel a quien las encuestas consideran seguro perdedor, y en otros porque determinadas decisiones del Gobierno no eran aceptables para partidos nacionalistas o ideológicamente más a la izquierda del PSOE. Iban contra sus principios o contra sus intereses.
Tampoco han ayudado a Sánchez los gravísimos casos de corrupción que han afectado, afectan y hay miedo a que afecten en el futuro a destacados personajes del círculo de mayor confianza del presidente o cercanos a ese círculo. Y por supuesto no ayudan los acontecimientos ocurridos en Ceuta en el último mes, sin duda la crisis más grave a la que se ha enfrentado la España democrática, ante la que Pedro Sánchez ha tomado decisiones incomprensibles, inaceptables humana y políticamente. E hirientes. Ha defendido más a Marruecos que a los ceutíes, a los cuerpos de seguridad españoles y a sus servicios de inteligencia. Y, más inaudito, ha defendido más al rey Mohamed VI que al rey Felipe VI, poniendo trabas además a que Don Felipe pudiera trasladar personalmente su pesar y solidaridad a la sufriente población ceutí.
Ha defendido más a Marruecos que a los ceutíes, a los cuerpos de seguridad españoles y a sus servicios de inteligencia
Todos los sondeos indican que Pedro Sánchez perderá las elecciones, y aunque ya perdió en el 2023 en esta ocasión no podrá mantenerse en el Gobierno, porque al mismo tiempo que descendía su nivel de aceptación, descendía también el de los partidos que le han apoyado en esta legislatura, sobre todo el socio de gobierno, Sumar. Primero se descolgó Podemos del conglomerado de Yolanda Díaz, y después se fueron despegando otros partidos. Hoy, la suma de PP y Vox deja muy atrás la suma todos los partidos de izquierda más independendistas, nacionalistas y regionales.
Dicho esto, la situación que vive el PSOE, provocada en gran parte, o más bien en su totalidad, por la discutible gobernanza del actual presidente, se da por seguro que Pedro Sánchez no seguirá en Moncloa tras las nuevas elecciones, cuando se celebren. Sin embargo, más vale apuntarse a la prudencia, al escepticismo. No porque Sánchez cuente con resortes que le permitan recuperar a gran parte de sus antiguos votantes, no es el caso. Sánchez ha llegado muy lejos en su descrédito nacional e internacional y se ha saltado muchas de las reglas esenciales de la democracia. Pero no es un dirigente que tire la toalla ante las dificultades.
Lo ha demostrado en los últimos años, en los que incluso se vio obligado a dejar el partido un cuarto hora antes de que le expulsaran; regresó a la secretaría general después de aquel fiasco y, no contento, logró hacerse con el gobierno a pesar de haber perdido las elecciones. El primer presidente de la democracia que gobernó sin ganar las elecciones.
Apartarse de un político con esa capacidad de recuperación es un riesgo que no todo el mundo está dispuesto a asumir. Sobre todo cuando ese dirigente es experto en estrategia política en la que no pone límite a los métodos para mantenerse en el poder.
Los alcaldes han sido los primeros en las voces de alerta, quieren que las elecciones municipales se celebren antes de las generales, para no sufrir las consecuencias del rechazo que hoy provoca Pedro Sánchez.
Pedro Sánchez sigue contando con apoyos pero está perdiendo nombres que hasta hace unos meses eran incondicionales
El presidente ha respondido de forma gélida recordando que en el 2023 el PSOE tuvo más votos en las generales que en las municipales. Es verdad: pero en aquella ocasión el mal fracaso autonómico y municipal lo compensó Sánchez con una decisión estratégicamente inmejorable: convocó elecciones generales anticipadas y basó la campaña electoral en la necesidad de bloquear como fuera el paso a la extrema derecha, para impedir que Feijóo, al que consideraba uno más de la ultraderecha, llegara a Moncloa. Hoy, esa estrategia, por manida, ya no sirve. Pero además un porcentaje alto de españoles temen más las consecuencias de la continuidad de Sánchez que el hecho de ver a Feijóo en la presidencia del Gobierno, aunque sea con la ayuda de Vox.
Pedro Sánchez sigue contando con apoyos importantes en su partido, pero también sigue perdiendo a nombres que hasta hace unos meses eran incondicionales. La corrupción ha hecho mella en el sanchismo, más actitudes de Sánchez difícilmente aceptables para sus votantes: la mentira sistemática, el incumplimiento de promesas, la falta de sensibilidad hacia problemas que considera ajenos -las vacaciones en La Mareta cuando Ceuta vivía una tragedia pasa factura-, la falta de respeto al rey, la también falta de respeto al parlamento, al que se hurtan debates y votaciones y recurrir al abuso del decreto ley. Denuncias que desde la oposición y medios de comunicación se hacen desde hace tiempo sin que pestañeen los principales colaboradores de Pedro Sánchez, ahora vuelven a primer plano ante la reacción de Sánchez con Ceuta.
¿Significa eso que el fin de Sánchez está próximo? Dependerá de los votos. Y el ciudadano español, se ha demostrado en elecciones anteriores, con elementos sobrados para conocer perfectamente cómo se las gasta Pedro Sánchez, le ha dado su confianza. Por tanto, nada se puede dar por seguro con un presidente capaz de cualquier cosa con tal de mantenerse en el poder.
Los primeros que lo saben son los suyos, miles de cargos y sus familiares. Mientras se mantenga Sánchez están a salvo. Sin él, les espera el fin de su carrera política, el ostracismo y para muchos, la falta de ingresos para mantener su actual nivel de vida. Asuntos todos ellos para tener muy en cuenta.
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