Jesús Prieto Guijo
Pregnancy? Just do it
SENDA 0011
El otro día pagué un café en una terraza del centro de Ourense acercando el móvil al datáfono. Tardó menos de dos segundos. El camarero no llegó a mirar la pantalla, yo tampoco, y la conversación siguió donde estaba. Hace quince años aquello era una demostración de congreso, con su ponente, su pantalla gigante y su aplauso al final. Hoy solo existe cuando falla.
Esa es una de las paradojas que más me he encontrado en veintidós años dirigiendo una empresa de tecnología: juzgamos lo que se ve, y lo que de verdad sostiene un negocio es precisamente aquello que ha dejado de verse. Cuando un sistema funciona muy bien, se convierte en fontanería. Y a la fontanería no se le hacen presentaciones.
En los comités se presenta lo nuevo. Nadie levanta la mano para contar que el sistema de pedidos lleva tres años sin dar un solo susto, aunque probablemente sea la mejor noticia de toda la carpeta. Y el presupuesto va detrás de la atención: siempre hay dinero para el piloto vistoso y falta para la integración aburrida que sostiene la facturación de cada mes. La infraestructura entra en el orden del día el día que se cae, y ese día ya es tarde para hablar de ella.
Hace unas semanas escribía aquí sobre la diferencia entre burbuja y cimiento, y esto es la misma idea vista desde el otro lado. Los proyectos que cambian de verdad una compañía casi nunca se ven en una pantalla. Se notan en que un pedido llega un día antes, en que una llamada de atención al cliente dura tres minutos menos, en que alguien ha dejado de copiar datos de un sitio a otro los viernes por la tarde. No hay nada que enseñar en una foto. Solo hay un negocio que va un poco mejor y gente que trabaja con menos fricción.
Conviene un matiz, porque invisible no es lo mismo que opaco. Que un sistema no se note no significa que nadie sepa cómo funciona, dónde está ni quién responde de él. La tecnología que se ha vuelto invisible y además se ha quedado sin dueño no es madurez: es una avería aplazada. La versión doméstica la conoce todo el mundo. La caldera funciona hasta que un martes de noviembre no funciona, y entonces descubrimos que nadie sabía la última vez que se revisó.
El escaparate atrae, el almacén es el que responde cuando entran a comprar.
Tampoco defiendo despreciar lo nuevo. Hay que probar, enseñar, ilusionar. Una empresa que no experimenta se apaga despacio y sin ruido, que es la peor forma de apagarse. Pero conviene no confundir el escaparate con el almacén. El escaparate atrae, el almacén es el que responde cuando entran a comprar.
Hay además una asimetría de reconocimiento que se corrige con poco esfuerzo y casi nunca se corrige. El que pone en marcha algo nuevo tiene un proyecto con nombre, una fecha de arranque y un momento para contarlo. El que mantiene lo que ya funciona tiene una lista de tareas sin épica y un buen año se le mide en que no ocurrió nada. Cuando llega el recorte, lo primero que se toca es el mantenimiento, porque es la partida que nadie defiende con pasión en una reunión. Un par de años después alguien pregunta cómo hemos llegado hasta aquí.
El ejercicio de esta semana es una pregunta para la primera reunión de septiembre: qué tres sistemas tendrían que dejar de funcionar mañana para que el negocio se parase de verdad. Si la sala se queda en silencio, la pregunta ya ha merecido la pena. Y si aparecen tres nombres, falta la segunda mitad: quién los mantiene. Casi siempre hay una persona detrás que no sale en ninguna presentación porque su trabajo consiste en que no pase nada. A esa persona conviene decirle gracias con nombre y apellido, y no en la cena de Navidad, sino el martes.
Me pasa también fuera de la oficina. Hay tecnología alrededor que ya no reconocemos como tecnología: el semáforo que cambia según el tráfico, la nevera del supermercado que avisa antes de estropearse, el autobús que llega cuando dice la aplicación. Nada de eso emociona a nadie. Todo eso es lo que hace que una ciudad funcione un martes cualquiera de septiembre, que es cuando de verdad se mide si algo funciona.
La mejor tecnología de una empresa no es la que sale en la presentación. Es la que nadie ha tenido que mencionar en todo el año.
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