Antonio Nespereira
PERDÓN POR LA MOLESTIA
Mi madre y el cuco, y otras aves
Días y más días hablándoles del humor y aún no les he dicho sus cuatro puntos cardinales. Son los siguientes: el humor limita al norte con el nacimiento; al este, con la pasión; al oeste, con el razonamiento, y al sur, con la muerte.
Nadie es nadie y nada es nada. ¡Qué efímera la gloria y qué caro el pescado! ¡Cómo se va la vida, cómo transcurre el tiempo! ¡Cómo pasa el tren! ¡Todo se diluye y todo se evapora! Como el humo de un fugaz cigarrillo.
Yo he recorrido los cuatro puntos cardinales, de norte a sur. De este a oeste. Desde los más gélidos lugares hasta la calentita costa; desde la princesa altiva a la pesca ruin en barca.
Yo soy feliz. Salgo de casa. Echo a andar. Pasa un coche, le hago un regate. ¡Qué bien! Me encuentro ágil. Un perro olisquea un árbol. Lo acaricio. El perro menea el rabo. Más allá juegan unos niños. Nuevas caricias. Uno me sonríe. Otro patalea. Llego a un bar. Pido un café. Sabe a Sidol, pero está estupendo. Enciendo un cigarro. ¡Qué delicia! Debo tener los pulmones hechos cisco pero… qué delicia.
¿Se dan cuenta cuantos motivos para ser feliz? No. El alma no venderé
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