La pura realidad

MUJERES

Publicado: 23 nov 2025 - 01:40
Opinión en La Región
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No vale decir eso de “estoy curada de espantos, ya no me asombra nada”. Es como decir “de esta agua no beberé”. Error, tremendo error. La capacidad de asombro no tiene límites. Y si no es así, díganmelo ustedes, queridos lectores. La noticia que puede poner a prueba su capacidad es la que informa de que un bolso se ha subastado por más de ocho millones de euros. No vamos a entrar en el diseño, en el nombre del diseñador, en la piel con que se hizo, en si llevaba pedrería lujosa, en que el oro le sobrase en los cierres y asas… tenía que tener un valor material enorme, no se duda, y todo ello parece una demasía.

Pero señores míos, por muy insustancial que parezca, la reflexión nos lleva a la pura realidad. Para hacer ese bolso, como cualquier otra pieza única, se necesitan artistas de lo bello, diseñadores capaces de crear algo nuevo, y una gran variedad de artesanos. Porque son necesarios quienes definan cada pieza, especialistas en cueros, fornituras y costura, aquellos que elijan los materiales idóneos para ello, en color, textura y calidad. Luego están los encargados de que el corte sea fiel al diseño. Podría decirse que todo acaba aquí, pero no. Hacer un bolso de estas características precisa de aquellos que se ocupan del ensamblaje, después el pulido y por fin, del acabado, sin contar a los publicistas, dibujantes y otra vez diseñadores del mensaje. Y todo esto se resume en puestos de trabajo. Da igual en qué lugar y con qué se trabaje si entra dentro de la normalidad, y este es un trabajo para gentes que han elegido esa forma, esa profesión.

Aunque se piense que todo esto es frívolo, y puede que lo sea en un mundo lleno de problemas sin resolver. Es algo que mueve dinero y ofrece oportunidades en el campo laboral. Es una empresa, como el cine, como la televisión. Para una película, para un programa, hay que mover mucha gente. Los repartos al final de cada uno es una lista inacabable. Y ¿cuánto cuesta un programa televisivo aunque sea malo, malísimo, (bueno casi todos lo son)?: millones. Millones ¿para qué? ¿Qué aportan? ¿Belleza, cultura, humor de calidad? La respuesta la tienen ustedes, solo ustedes, queridos televidentes que poseen el mando. Y ya lo saben, quién tiene el mando, tiene el poder. Es lo que se ha dicho siempre. Y por él hay peleas. Por eso cada cual quiere su televisor, y su mando.

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