Queridos impertinentes

Publicado: 22 jun 2025 - 04:55
Opinión en La Región.
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A través de las persianas bajadas para defenderse del calor, están entrando las campanadas de la iglesia vieja de la plaza mayor. Se oye ahora cómo chilla una ambulancia, un coche policial…puede que sólo sea el camión de la basura… No sabemos… No sabemos, pero sentimos desasosiego.

Si alguien nos pidiese explicaciones, nos preguntase, por esa sensación que nos agarrota, nos perturba, nos asusta, nos hace temblar, nos incapacita para tomar la mejor decisión…seguro que le diríamos que ese fantasma oscuro, tiene toda la pinta de ser “el miedo”.

Estos síntomas te preocupan: la boca se te seca como estropajo, percibes una aceleración del ritmo cardíaco. A veces juras que el aire no penetra del todo en tus pulmones. Sensación de entumecimiento. Tensión cervical, cuello y hombros. Dificultad al tragar. En fin… lo que tu describes como un nudo en tu garganta.

No es un fenómeno nuevo. Ya aquellos primeros médicos que desarrollaron el Corpus Hippocraticum escribieron sobre esa tristeza insana que se guarece en el corazón. La llamaron melancolía. Creo que la describieron perfectamente al suponerla compuesta por una parte de miedo y otra de tristeza.

Pessoa lo describió como desasosiego. Auden como angustia. Kafka como absurdo presente, Camus como extrañamiento. Ha persistido el miedo a lo desconocido. El miedo avanza desde nuestras culturas ancestrales, agachado, taimado, peligroso. No es tan antiguo ya que en la sociedad del siglo XXI persiste bajo la capa del bullying o del mobbing.

Tal vez sea necesario absolutamente el mirar con otros ojos a quienes nos rodean

Se vuelven a revivir los miedos a lo desconocido, y vuelven raudos aquellos otros miedos difusos. Tengo la impresión, ojalá esté equivocado, de que, en este tiempo, en este 2.025, el miedo avanza.

Somos una sociedad bastante autista. Bastante personalista: yo, mí, me, conmigo… Notablemente centrados en nuestra cicatriz umbilical. Nuestra estabilidad emocional es imprescindible. Es difícil claro, en este mundo de soledades buscar una estabilidad emocional sin referencias a los otros.

Creo que los seres humanos no son naturalmente así: miedosos, adustos, esquivos, irritables. Estoy convencido de que estamos viviendo un proceso de duelo por la desaparición del “otro”.

Estamos convencidos de que el miedo proviene de los “otros”. Pero yo te digo, ahora mismo, que sólo ellos te liberarán de los miedos personales. Conviene que te abras a ellos.

Pero claro, estamos seguros de que el otro no nos importa nada. Es impertinente, metomentodo, desestabilizador, usurpador. El miedo a lo desconocido persiste y en una medida extraordinaria. Nuestras relaciones humanas son en numerosas ocasiones perturbadas por ese miedo al que llega “desde detrás de la niebla”. Entonces se nos dispara una actitud xenófoba y aprensiva que traducimos en recelo, hostilidad y odio.

Tal vez sea necesario absolutamente el mirar con otros ojos a quienes nos rodean. Quien comparte contigo este espacio y este tiempo ha sido puesto aquí, no por pura casualidad. Déjame creer que, si alguien dibuja, a diario, el devenir del mundo; habrá pensado personalmente en ti y en aquellos que forman parte irremediable, de tu camino.

Queridos impertinentes.

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