¿Quién ha ganado?
Xavi se inventa un nuevo argumento en el que perder significa otra cosa
Como el que no se consuela es porque no quiere, ahí queda para la posteridad la reinterpretación que Xavi Hernández ha improvisado sobre la marcha para salir indemne de siguiente fracaso del Barcelona. Si bien en la víspera del partido de semifinal de la Supercopa argumentaba que a su equipo no le valía otra cosa que ganar, le ha dado una vuelta de tornillo a la derrota y la ha convertido en victoria. Para ello, se ha inventado un nuevo argumento mediante el cual, perder significa otra cosa. Significa el inicio de una nueva era de sonoras y edificantes victorias. La parroquia culé a la que a estas alturas se convence con conchas de la playa se lo traga, disculpa a la platilla y a él también lo perdona. Y recibe a todos ellos como ganadores morales mientras los jugadores del Real Madrid se preguntan atónitos quién ganó finalmente el partido. Si ellos que jugarán la final el domingo contra el Athletic de Bilbao o el Barça que se vuelve a casa. El relato de Xavi es tan maduro y convincente que incluso a ellos les ha entrado la duda. “Pero bueno –se pregunta a estas horas el capitán Benzema- ¿hemos ganado o no hemos ganado?” Tiene un lado bueno sin embargo esta nueva eliminación que se ha entendido como victoria incuestionable (moral, claro está) en los círculos que controla la internacional blaugrana. Las finanzas del club que atraviesan momentos sumamente delicados se van a ahorrar una noche de estancia. Teniendo en cuenta los precios de los hoteles en Riad y lo que cuestan los pasajes, hay que reconocer que no viene mal un ahorro semejante. El Madrid va a jugar injustamente claro está, la final, pero además se va a dejar una pasta.
Una reflexión más seria y ponderada de este fenómeno permite por lo tanto entender dónde anida el devastador proceso que se ha ido demoliendo el prestigio de Cataluña y su antaño célebre pragmatismo. Hace tiempo que la sociedad catalana, guiada por unos líderes de opinión y un variopinto conjunto de portavoces y gobernantes, ha perdido por completo la capacidad autocrítica. El relato manejado por estas cabezas con influencia social y política ha desterrado hábilmente su responsabilidad en todas las actuaciones desacertadas culpando del fracaso a los demás. El resultado es el que es y es, sin duda alguna, catastrófico. Pero ahí siguen y por idéntica senda. Hace mucho que ya no tiene remedio.
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