Roberto González
¿Quién paga?
Para los creyentes, la tierra se creó en siete días; no es de extrañar que tengamos que contemplar con resignación la cantidad de chapuzas y calamidades que surgen cada día.
La forma en la que Dios, el destino, la naturaleza o quien sea el que organizó este tinglado en el que nos ha tocado vivir, nos demuestra lo lejos que estamos de entenderlo.
Por ejemplo, la forma que nos ha asignado para los dos episodios más importantes en la vida de los humanos, es decir, el día en el que naces y el día en el que mueres, tendremos que admitir que no puede ser más chusca ni irresponsable.
El que un ser humano pueda venir a este mundo por el simple hecho de que un hombre y una mujer tuvieron un calentón cuando salieron a tomar una copa aquella calurosa noche de verano, igualándonos al mismo sistema del mete-saca que tiene asignado a los gatos o a los perros, no es serio, tendremos que admitirlo
En cuanto al momento de abandonar este mundo, no se puede hacer peor: te puedes morir a cualquier edad, de niño, de joven o de viejo, de repente, mientras duermes, o a cámara lenta, en una cuenta atrás en la que solo Dios, la naturaleza o el destino y sus socios tienen el cronómetro.
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