Pilar Cernuda
CRÓNICA PERSONAL
Aquí no dimite nadie
PERDÓN POR LA MOLESTIA
Me pasa un amigo un enlace a un vídeo en el que un personaje de notoria presencia en las redes sociales hace un trazo grueso de la figura de José Ortega y Gasset, sobre todo de su ensayo La rebelión de las masas. El resumen recoge la definición del hombre masa, sin formación o espíritu crítico que irrumpe en la vida pública desplazando a las élites tradicionales. Traslada que las democracias están en peligro y que el fantasma del totalitarismo está más presente de lo que se cree por el acceso de personas desnudas de formación, banales en cuanto a cultura, valores y huérfanos de escrúpulos para moverse en la representación ciudadana en las instituciones. Es más, tienen las puertas francas los ignorantes y engreídos para eternizarse en el poder. Las alertas del controvertido texto orteguiano son de 1929. Excuso resumirles lo que ha pasado en el mundo desde entonces, pero como la geometría de la historia tiene forma circular algunas de sus reflexiones vuelven a estar de actualidad. Sé que la persona que me envió el video con los comentarios sobre esta obra me invitaba implícitamente a realizar algunas comparaciones en diversas direcciones. Lo mismo hacia los Estados Unidos de Trump, la Rusia de Putin, la Europa actual, envejecida y sin referentes y peso en el contexto internacional, la España de Sánchez, o por trascender ya a lo más chabacano que tenemos ante nuestras narices: el Ourense de Jácome. Escribió Ortega que "el hombre masa es aquel cuya vida carece de proyectos y va a la deriva, por eso no construye nada, aunque tenga posibilidades".
Por centrarnos en lo local, esta semana se nos pone de plato fuerte que el Concello de Ourense cuenta con los primeros presupuestos de los últimos cinco años gracias a la abstención de Doña Responsabilidade de apellido PP y que ahí apenas hay nada que rascar en cuanto a inversiones. Eso sí, crecen los gastos de personal y se reduce la fiscalización por parte de los técnicos y la oposición. El advenimiento de las masas a la toma de decisiones trae, entre otras, esas consecuencias. Cómodos en asientos que a la mayoría le vienen anchos y que estarían fuera de su alcance si no fuesen los comandos de obediencia ciega del regidor. Esas lealtades de la masa se pagan con dinero de todos, a razón de unos 75.000 pavos el jefe, casi 64.000 el segundo y por encima a los 53.000 los concejales que tienen dedicación exclusiva. Ortega ponderaba las virtudes del esfuerzo, el talento o la vocación de servicio, pero no se ha podido demostrar que sean estos los méritos desequilibrantes para formar parte de una corporación municipal. En descargo de una parte hay que decir que son hijos de una generación de ourensanos que convivió con el enchufismo como vía de acceso a muchos puestos de la Administración, sobre todo local y provincial. Durante años la sociedad ourensana prefirió indagar en los mecanismos de acceso a esos trabajos antes que combatir sus abusos. Es decir, se optó más por conocer con quién hay que hablar para entrar en tal sitio en vez de denunciar eventuales chanchullos. El entonces presidente de la Xunta, Manuel Fraga atajó hace casi un cuarto de siglo acusaciones de nepotismo en Ourense diciendo que "los hijos de las familias prominentes salen mejor preparados". Ligaba entonces prominencia a militancia o simpatía política hacia el PP, claro está. Fuera de eso, en Ourense siempre gustó mucho trabajar como empleado público, de ahí la fama que adquirieron los centros de preparación de oposiciones. A ellos acudieron centenares de jóvenes de la provincia con la esperanza de obtener plaza. Se decía entonces que era de las pocas salidas que ofrecía Ourense. Y sí, fueron muchas las salidas y muy pocos los regresos.
Y a salvo de algunos traslados y los que obtuvieron plaza en la administración gallega o local, echar raíces aquí se está poniendo difícil. Por lo publicado en los últimos meses, solo la inmigración ve en Ourense la tierra prometida, aunque sea aborrecida para muchos locales. No es fácil conseguir que los nuestros se queden o regresen cuando no hay un imán que les atraiga al margen de románticas experiencias para repoblar la casa de la aldea para vivienda turística. Un vistazo a las primeras páginas de La Región desde enero es desolador. Imposible encontrar un proyecto ilusionante, un cambio de orientación en la deriva. Nada que no sea unas escaleras mecánicas o el enésimo proyecto termal que nunca cuaja. La única inversión anunciada tiene que ver con la futura sede de Afundación en la ciudad. Por lo demás, apunten una voraz crónica de sucesos, una aceptable ocupación turística sin aprovechar los recursos disponibles, el cierre de explotaciones mineras pese a la existencia de rica materia prima, el desaprovechamiento local de la energía hidroeléctrica, la pérdida del AVE en A Gudiña, la mínima inversión pública, los cientos de empleos que no se cubren o que hace falta el sueldo íntegro de cinco años para comprar un piso. Entre otras muchas carencias, como es natural. No sé si esto es cosa de la rebelión de las masas que decía Ortega y la llegada de la vulgaridad a la toma de decisiones. A lo mejor es cosa de otra rebelión, la de la granja, la obra de Orwell que con acerada crítica cuestionaba el abuso de poder y la corrupción asociada.
Mira tú como en este verano ya estamos casi todos. Mira tú como a la revitalización de las aldeas con los foráneos que llegan, las fiestas con su tardeo y verbeneo, la ciudad desértica los fines de semana y muchos otros días por la incapacidad de organizar una programación decente por la manifiesta incapacidad de sus gestores se suma la llegada de los incendios. Mira tú la forma en la que seguimos permitiendo que el patrimonio natural arda sin remedio cada año. Mira tú como Ourense parece haberse convertido en una potencia en el asunto porque experiencia no le falta. Mira tú como las autoridades han apostado por la provincia para crear un centro de vigilancia, disuasión y prevención del fuego, al que llegan desde otros lugares los profesionales para formarse. Mira tú qué bien nos iría destinar esos recursos a fomentar en esta tierra otros centros de investigación en vez de tener que gastar cada año una pasta en apagar. Mira tú.
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