Fermín Bocos
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Un recuerdo de aquel restaurante del Auria
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Hace 54 años que cerró Auria, tanto la sala como el restaurante famoso, que se anunciaba en la puerta con el clásico cocinero en efigie. Pero es curioso que todavía hoy en viejas crónicas de historia gastronómica se recuerda su famoso restaurante, sobre todo porque en su día fue marco de bodas de famosos o actos sociales de cierto relieve de la sociedad ourensana. Como fui de los privilegiados que pudo disfrutar especialmente de los dos espacios, quiero hoy en este rincón de evocaciones, por lo general felices, contarles alguna cosa más de aquel lejano, pero inolvidable tiempo. Auria fue la mejor sala de fiestas de Galicia de su tiempo, Fue inaugurada por el obispo Temiño (cosa que nunca pude imaginar posible) el 28 de abril de 1960 y se abrió al público dos días después con una gran gala de espectáculos y baile. Cerró en verano de 1972, De todo cuanto se ha escrito sobre este inolvidable lugar, nada mejor que lo que Álvarez Alonso publicara en su tiempo, antes de que fuera inaugurada
Describía nuestro querido compañero (uno de los mejores entrevistadores que he conocido) que tras visitar la sala descubriera “una suntuosidad y una belleza que, no obstante conocer el empeño de sus propietarios por darle un carácter único, nos han sorprendido extraordinariamente. Todo allí es armonioso, todo es fantástico; entra uno en el local y siente la impresión de haber traspuesto la entrada de un mundo distinto en el que las pinturas de Quesada y de Bóveda parecen llevarnos de la mano a un París nostálgico y evocador”. ¡Qué pena que todo aquello se perdiera!
Para construir aquella sala de fiestas, los hermanos Blanco no regatearon y encargaron los mejores materiales, luces y mobiliario del mercado. Era la primera vez que en Ourense se usaba el pino rojo importado de Suecia para revestimiento de paredes; la celulosa pura con pinturas rugosas absorbentes para acondicionamiento del sonido; el revestimiento vítreo con profusión de piezas de oro legítimo en columnas y frente de la barra; carpintería de castaño especial sin nudo, fresno y acacia de Australia en pilastras de escenario, de una sola pieza y, finalmente, los grandiosos mosaicos vítreos de tipo pompeyano que revisten las escaleras principales, siendo hasta ahora los de más superficie de España en esta clase de locales, como contaba Alonso.
Todo se había pensado para la comodidad del público. Los sistemas de aire acondicionado, esenciales en una sala de fiestas donde se va a congregar mucho público y entonces se podía fumar, tenían capacidad para cuatro mil metros cúbicos por segundo y permitía renovar el volumen de toda la sala cada cuarto de hora. El sistema se llamaba “Schneider”. Por este procedimiento, el ambiente del local puede incluso ser perfumado en cualquier momento.
Tras haberlo comprobado, escribía Alonso: “El sistema de iluminación estaba dotado con diversas combinaciones de colores en luz directa e indirecta, destacando el efecto conseguido con los apliques de pared y, asimismo, el sistema de alumbrado de seguridad que garantiza en todo momento la continuidad del espectáculo y el normal desarrollo del servicio en caso de fallar el suministro de fluido. Igual ocurre con el sistema sonoro difundido por todo el establecimiento a través de numerosos y pequeños altavoces y equipo RCA, maravillosamente instalados”.
Me hace gracia recordar que Alonso escribiera que: “dada la categoría del local, estará fundamentada en la más estricta moralidad, seriedad y calidad, con servicios diarios y normales de cafetería, y fiestas semanales que serán centro de reunión del público selecto de nuestra ciudad”. Lo de la moralidad, como ya he contado, aparte del camarero vigila, se aplicaba en algunos recortes a los vestidos de las coristas. No en vano a su inauguración fue invitado hasta el obispo, al menos del comedor.
La sala abría las ocho de la mañana, con servicios de desayuno hasta mediodía, en que dará paso a los servicios de aperitivos y coctelería especial y de tipo americano; después del almuerzo venía la sesión de sobremesa o café con espectáculos, continuando con las meriendas y sesiones de “thé” y cafetería americana en toda su amplitud hasta la hora vermuth y de noche, ambas también con espectáculo. Aparte, había fiestas especiales los jueves, sábados y domingos.
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