Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
COSAS QUE CONVIENEN
1.Gritar en el túnel. Subido a la bici tempranera y a todo pulmón, para que la voz rebote en las paredes y nos recuerde el ser múltiple que nos habita: el niño que celebra, el loco que desafía, el hombre que pedalea.
2. Hacer la microaventura. Caminar hacia algún destino próximo, la sierra donde nace el río o el gran árbol del prado. Sentir la compañía de las fieras ocultas en la espesura y, orientados al naciente, fundar una ciudad con la tienda de campaña.
3.Subir a la peña. Para contemplar lo que queda de provincia en este tiempo de cataclismo e intentar asomarse a la distancia con la mirada limpia. Echar un rato escudriñando el horizonte, para tomar distancia del paisaje y también de la duda de uno mismo.
4.Dormir con el gato. Y sentir la aprobación de la fiera salvaje que nos permite acariciarla sin temor a perder la vida. Recibir ese trance de amor cuando tenemos el espíritu en su sitio y sabernos bendecidos por su gran presencia.
5.Conversar con el otro. Permitir la polinización cruzada de pensamientos importantes y también de los no importantes. Encontrar confort en la compañía buena. Quererse mucho sin decir que se quiere, porque decir “te quiero” es una ordinariez peliculera de muy mal gusto.
6.Leer al sabio. Y sofocar las ideas estancadas y las preocupaciones recurrentes con la comprensión de los que han estado antes. Sentir cómo se deshacen los miedos en miedos más pequeños hasta regresar a esa paz cetácea, esencial, la de habitar este cuerpo y este planeta sin tensiones grandes.
7.Hablar con el árbol. Su presencia es el gran consuelo y, desde la ladera, llama al ojo y también al corazón. Hay que ir a su encuentro y despedirse siempre. Nada garantiza que nos veamos de nuevo
8.Visitar al santo. Dejar el móvil en casa en el paseo nocturno a la ermita, siempre sin linternas y confiando en nuestros ojos humanos. Encenderle una vela al santo y escuchar a los cárabos sin otra tarea mejor que escuchar a los cárabos.
9.Enterrar la semilla. Abrir el hueco con el bastón mientras caminamos por los calveros y desiertos. Hacer bosque del descampado y dispersar la bellota como hacen el arrendajo y el jabalí. Esta acción pequeña es la certeza de nada pero una sujeción definitiva cuando el temblor de mundo.
10. Aguardar al sol. Respirar con el gong y hacer el café y la primera vida con el firmamento todavía desplegado en el horizonte. Ver aparecer el disco desde la ventana de la cocina mientras se llena la casa entera de esa primera luz naranja, que es la luz de la gran comprensión.
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