Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
Lejos de ser un experto en Inteligencia Artificial, creo que el tema bien merece un artículo por su absoluta vigencia y por sus evidentes repercusiones económicas. Pero como siempre, lo primero será tratar de aportar una definición, de las múltiples que hay, para tratar de entender de que va lo de la IA.
La Inteligencia Artificial (IA) es una parte de la informática que busca la creación de sistemas capaces de realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana, como el aprendizaje, la resolución de problemas y la toma de decisiones. Ya ha dejado de ser una promesa futurista, para convertirse en una realidad económica tangible.
Pero nada mejor que una batería de ejemplos prácticos para entender algunas de las utilidades más comunes de la IA. Empecemos por los asistentes virtuales que desde no hace muchos años forman parte de un gran número de hogares. ¿Quién no ha oído hablar de Siri o de Alexa? Google Maps nos acompaña en la mayoría de nuestros viajes y nos propone la mejor ruta en tiempo real. Los vehículos autónomos basan su independencia y capacidad de movilidad en la IA. Un hospital, la podrá utilizar para diagnósticos médicos mediante el estudio de millones de patrones en una pequeña fracción de tiempo. Una tienda online podrá predecir con un elevado porcentaje de éxito nuestras intenciones de compra, antes de que nosotros mismos las conozcamos. Una entidad financiera será capaz de analizar miles de solicitudes de crédito en tiempo récord. Todas las plataformas de televisión de pago, utilizan la IA para sugerirnos películas, series o música, basándose en el análisis de nuestros gustos. La robotización de las industrias o los programas de mantenimiento preventivo de sus máquinas, también basan su operativa en la IA. Traductor de idiomas, escritor de textos, pintor de caricaturas, fotógrafo y así podríamos seguir hasta mencionar infinidad de utilidades y otras muchas que todavía están por descubrir.
Pero por aportar algún dato económico a este artículo, un estudio de PwC (una de las cuatro grandes consultoras del planeta) estima que la IA podría añadir hasta 15,7 billones de dólares al PIB mundial para 2030, basando principalmente este incremento en el aumento de la productividad. Y por discutible que pudiera ser la precisión del dato, no cabe duda de que el impacto en la economía mundial será brutal.
Da la sensación de que podríamos llenar páginas y páginas describiendo la infinidad de bondades de la IA, pero nada es perfecto y algo habrá que contraponer, de lo contrario el artículo sería un verdadero tostón. Empezaré por su propio nombre, en el cual ya lleva el castigo, donde esté lo natural que se quite lo artificial, aunque este argumento es más bien “poco” científico. Volvamos pues a lo económico. Parece que el crecimiento señalado anteriormente no es en absoluto neutro. Automatizar tareas, elimina empleo, especialmente en sectores donde la reconversión laboral es compleja. Según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), un 14% de los empleos actuales corren alto riesgo de automatización, y otro 32% sufrirá transformaciones profundas. ¿Están nuestras sociedades preparadas para un futuro donde millones de trabajadores podrían quedar desplazados? ¿Podrán reconvertirse y ser formados? ¿Quién los formará? ¿Cuáles serán sus “nuevos” empleos?
En relación al tema que titula este artículo, leía esta misma semana una opinión infinitamente más autorizada al respecto que la mía, y que me gustaría compartir con ustedes.
Mi sensación es que el beneficio de la IA está desigualmente distribuido. ¿Y qué suele ocurrir con los beneficios que se reparten de manera desigual? Normalmente generan problemas sociales. Las grandes corporaciones tecnológicas concentran la propiedad de los múltiples modelos de IA. Esto les otorga una ventaja competitiva abismal frente a las pymes. El resultado es una mayor concentración de riqueza, que puede tornarse en excesiva, por lo que considero prioritario la regulación correcta, para evitar un nuevo tipo de monopolio digital. Pero que no se interprete lo dicho como poner freno al avance tecnológico, al contrario, se trata de gestionarlo con políticas públicas orientadas a educar en habilidades digitales, estableciendo marcos regulatorios claros e incluso impuestos a las pingües ganancias de quienes concentran el poder de la nueva economía algorítmica. La inteligencia artificial puede ser una herramienta poderosa para mejorar nuestras vidas, pero como toda herramienta, depende de como la usemos. Si el incremento de productividad lleva unido una mejora de la calidad de vida de las personas, sin lugar a duda ese es el camino por el cual conducir a este avance tecnológico sin precedentes.
En relación al tema que titula este artículo, leía esta misma semana una opinión infinitamente más autorizada al respecto que la mía, y que me gustaría compartir con ustedes. Se trataba de una entrevista a Bill Gates (cofundador de Microsoft) que venía a decir que el futuro laboral se ve cada vez más influenciado por el desarrollo de la IA, pero todavía quedan trabajos que seguirán siendo esenciales y resistentes al cambio. Hablaba de profesiones, que cada vez proliferarán más, como el cuidado de personas (el envejecimiento de la población mundial es un hecho), la enfermería o los propios educadores, no solo como transmisores de conocimiento, sino como formadores de pensamiento crítico, guías emocionales y adaptadores pedagógicos ante realidades diversas.
Escuchado Bill, quiero coincidir plenamente con su planteamiento. Es más, en uno de mis últimos artículos que trataba sobre el absentismo laboral, mencionaba que una de las principales causas del mismo eran las patologías mentales. Los psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales y todo este tipo de terapeutas, también seguirán siendo insustituibles, cada vez más demandados y más escasos, basta con ver la precariedad de nuestro propio sistema sanitario en lo referente a este tipo de profesionales.
Afortunadamente ninguna máquina podrá sustituir al contacto humano, ninguna máquina tendrá sentimientos (simplemente los podrá imitar), ninguna máquina tendrá mayor criterio que aquel que pueda estar alimentado por todos sus conocimientos infinitos, pero todavía en ese caso, nunca podrá comportarse como un humano.
Mientras nos encaminamos a un mundo en el que los algoritmos ya toman decisiones y donde los robots realizan tareas físicas complejas, que alguien me explique cómo replicará la IA el beso de una madre, el calor de un abrazo o la mirada de quien te quiere.
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