Sobre el reformismo

Publicado: 16 feb 2026 - 02:10
Opinión en La Región
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Hoy las políticas moderadas propias del espacio del centro político no están de moda. El escenario político está dominado por las posiciones radicales, fuertemente ideologizadas. Si el equilibrio y la moderación son rasgos distintivos de las políticas centradas, otro trazo que las caracteriza y que ayuda a comprender o a situar el equilibrio y moderación en su sitio, es que las políticas de centro son políticas reformistas y por lo tanto de progreso.

Hablar de progreso en el campo político es penetrar en otro laberinto conceptual configurado por el discurso ideológico. Si hasta hace poco el progreso significaba el acceso de sectores cada vez mayores de población a mejores niveles de renta y de consumo, hoy algunos de los sectores considerados progresistas, que ponen el acento en la preocupación ecológica, denuncian el exceso de consumo como un mal y reivindican el detenimiento o drástica limitación del crecimiento.

Las políticas centristas toman como punto de partida la aceptación de la realidad. La realidad, en sus dimensiones social, económica, cultural, se toma como un legado de nuestros antepasados, como el mejor que supieron y pudieron dejarnos. Bien como producto de su saber o de su ignorancia, bien de su iniciativa o de su pasividad, de su rebeldía o de su conformismo. Porque, ¿no es cierto que nuestros padres como nosotros se movieron con la intención de dejar lo mejor para sus hijos?.

Pero esa aceptación no es pasiva ni resignada. Lejos de actitudes nostálgicas o inmovilistas, percibimos las estructuras humanas como un cuadro de luces y sombras. De ahí que la acción política se dirija a la consecución de mejoras reales, siempre reconociendo la limitación de su alcance. Una política que pretenda la mejora global y definitiva de las estructuras y las realidades humanas sólo puede ser producto de proyectos visionarios, despegados de la realidad de la gente. Las políticas reformistas son ambiciosas, porque son políticas de mejora, pero se hacen contando con las iniciativas de la gente y el dinamismo social.

Moderación y reformismo son pares autocompensados. El afán reformista tendrá siempre el límite que le impone la carencia de un modelo social previamente establecido y la percepción clara de que todo proceso que reforma

es siempre un proceso abierto, porque no hay nadie que tenga en la mano la llave para cerrar la historia.

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