Angel Garcia Crespo
Lo que me quita el sueño
MUJERES
Escucho una pequeña reflexión en la que pueden entrar las claves de la convivencia, el roce, los caracteres, las edades y las sensibilidades. Es un razonar a fondo, que te hace pensar en lo que ves, en lo que oyes, en lo que sientes y en definitiva en lo que vives. Oliver Franken no usa eufemismos para lo que quiere decir, ni ejemplos simplones, ni conceptos baladíes. Va directo al meollo de la cuestión. Y me gusta. Me gusta mucho, porque hoy se habla demasiado pero no se entiende nada. Dice todo en poco muy tiempo, y uno se para, y cree firmemente que todo pivota sobre la educación. Eso que te enseña a saludar al entrar en cualquier establecimiento, a ceder el paso a las personas, el asiento a los mayores, a pedir por favor, a dar las gracias, y tantas otras cosas como prestar ayuda, o tratar a la gente con amabilidad. Pero la educación no es solo eso. Es mucho más. Y ese “mucho más”, es lo que lleva directamente a la esencia de la comunicación, el entendimiento y la comprensión entre los seres humanos. Y esa esencia es en resumen el quid de la cuestión: el Respeto.
Es mucho más. Y ese “mucho más”, es lo que lleva directamente a la esencia de la comunicación, el entendimiento y la comprensión entre los seres humanos. Y esa esencia es en resumen el quid de la cuestión: el Respeto.
Respeto. La palabra básica pronunciada sabiamente por Franken. La palabra que nos hace personas y la que facilita la convivencia en cualquier caso. Lo que sucede es que, como más o menos dice mi protagonista con gran acierto, puede que la simpatía, la afabilidad y la cortesía, a veces no sean entendidas. Es más, pueden ser confundidas con la debilidad. Y ahí comienza la falta de respeto por quienes no han entendido las señales amables. Y entonces comienza el conflicto. De nada vale la llamada de atención, porque en estos tiempos más que nunca, el agraviado es posible que se convierta en el malo de la película. Y el conflicto se agrava.
Sin embargo, es necesario restaurar el lugar que corresponde a cada cual, en sentido figurado. Pero ese “lugar” obedece a un principio moral. Las personas maltratadas, hay infinitas de formas de maltrato, que no se atreven por la situación en que encuentran, o por eso de, “no la voy a liar por esto”, “no merece la pena”, cometen un craso error. Sí la merece. Una persona debe de ser consciente en todo momento de que lo es, y no permitir que nadie le impida serlo. Lo importante es la propia dignidad y hay que defenderla. Y sea como sea, es obligado educar a quienes no conocen el significado de la palabra Respeto.
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