La restauración del Monasterio de Melón

Publicado: 25 may 2009 - 02:00 Actualizado: 11 feb 2014 - 00:00

Tras una etapa de muchos sinsabores, hoy la atención se vuelve a centrar en la tan ansiada restauración del monasterio de Santa María de Melón.

Desde su fundación en 1142, según consta en un privilegio otorgado por el rey Alfonso VII, el monasterio tuvo una existencia activa hasta que en 1835, con la desamortización, la vida monástica se detuvo bruscamente y se inició una lenta decadencia abocándolo al olvido y al estado ruinoso en que se encuentra. Solo la Iglesia -ejemplo de interés de la arquitectura cisterciense gallega- venció a la exclaustración por su carácter parroquial pero, sin embargo, no pudo resistir la fuerza del rayo que en el siglo XIX mutiló definitivamente sus naves longitudinales. A finales del siglo pasado el monasterio fue adquirido por la Diputación Provincial que en el año 2008 se lo cedió al Ayuntamiento de Melón.

Paralelamente a esta historia, el cenobio arrastra otra de restauraciones desafortunadas e incumplidas que llevaron al actual alcalde a un peregrinaje reivindicativo ante el Gobierno de la nación. El mayor triunfo de esta experiencia fue lograr que se hablara del monasterio y de su estado calamitoso debido a la desidia gubernamental.

Hoy, con la colocación de esa simbólica piedra, todos esperamos que se marque el hito definitivo de la recuperación de esta obra tan importante no solo para el municipio de Melón, sino también para todos los gallegos. Dado este primer paso, no podemos dejarnos llevar por la autocomplacencia y es necesario que los resortes municipales, que tan bien funcionaron hasta ahora logrando superar las limitaciones con eficacia e insertando de nuevo el monumento en la memoria popular, no bajen la guardia de la constancia.

En otro orden de cosas, es de esperar que la gran deseada restauración devolverá la vida al monasterio cumpliendo un doble objetivo, el de fomentar el desarrollo local apoyando la economía de la zona y el de contribuir a la dinamización de la vida cul tural, objetivo este último que implica, por una parte, un respeto por lo autóctono, por lo que resulta imprescindible entender y respetar el entorno natural, y por otra parte, tener en cuenta que la situación en la que se halla el conjunto es muy compleja por el gran deterioro sufrido y, por lo tanto, su recuperación va a exigir incorporar elementos que no existían anteriormente, y que van a ser necesarios para los nuevos cometidos a que serán destinados. Estos elementos deberán ser las aportaciones innovadoras de nuestro siglo a a la historia del monasterio.

Para concluir esta noticia que nos llena de esperanza, no está de más desear que la restauración y las funciones futuras a que se destine un lugar como este que merece, en un futuro muy próximo, atraer un gran número de visitantes, no acaben por solapar lo que constituye su esencia de perdurar: ser testimonio y documento de la vida monástica y de la arquitectura cisterciense en Galicia.

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