Rusia se dispone a atacarnos

Publicado: 21 ago 2026 - 04:10
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Europa debe dejar de preguntarse si Rusia va a atacar territorio de la OTAN. La pregunta empieza a estar mal formulada: ahora ya hay que preguntarse “cuándo”, no “si”. Moscú lleva ya años atacándonos mediante sabotajes, ciberoperaciones, interferencias GPS, campañas de desinformación y violaciones del espacio aéreo. Esa guerra híbrida dará paso a una provocación armada limitada, para comprobar si el artículo 5 es real o papel mojado. Las señales se acumulan. En julio, el presidente lituano, Nauseda reveló que los servicios de inteligencia detectaban planes rusos contra infraestructuras críticas de los países bálticos oy Polonia, especialmente instalaciones energéticas y de transporte. Su homólogo letón, Rinkevics, advirtió de que Moscú desea probar los mecanismos de respuesta de la OTAN. En agosto, el ministro de Defensa lituano ha sido aún más concreto: Rusia prepara una operación de falsa bandera con drones de apariencia ucraniana contra infraestructura báltica, para culpar a Kyiv. No son temores de despacho. El viernes pasado, cazas de la OTAN derribaron un dron que había penetrado en Letonia. Dos días después, un F-18 español abatió sobre Rumanía otro aparato ruso, después de varias intrusiones. El lunes, un objeto aéreo ruso penetró en Moldavia y explotó. Incluso Estonia investiga ahora un incendio provocado contra una fábrica de sistemas militares no tripulados.

Los países que conocen a Rusia mejor que nosotros han entendido el mensaje

Los países que conocen a Rusia mejor que nosotros han entendido el mensaje. Estonia, Letonia y Lituania construyen la Línea de Defensa Báltica, con búnkeres, obstáculos antitanque y posiciones fortificadas. Polonia desarrolla su Escudo Oriental en las fronteras con Bielorrusia y Kaliningrado y está desplegando un enorme sistema antidrones. Suecia ha reforzado la isla de Gotland y en mayo ensayó allí el rápido despliegue de fuerzas estadounidenses, británicas y danesas. En junio se creó además una nueva fuerza terrestre avanzada de la OTAN en Finlandia bajo liderazgo sueco. Dinamarca acaba de ampliar el servicio militar. Los países nórdicos y bálticos, Alemania y Polonia preparan incluso mecanismos coordinados para evacuar población civil a través de las fronteras en caso de guerra. No estamos ante una epidemia colectiva de paranoia. En la cumbre del flanco oriental celebrada en Gdansk en junio, Estonia, Finlandia, Letonia, Lituania, Polonia, Rumanía y Suecia calificaron conjuntamente a Rusia como la amenaza “más significativa, directa y a largo plazo” para la seguridad euroatlántica. Son precisamente quienes tienen frontera, memoria histórica o experiencia inmediata del imperialismo ruso. Y luego está Moldavia. Fuera de la OTAN, con tropas rusas todavía instaladas ilegalmente en Transnistria y sometida durante años a operaciones de desestabilización, propaganda y presión política, ese país es el objetivo más vulnerable. Si Ucrania fuera derrotada o forzada a una paz que premiara al agresor, su situación se volvería trágica. Después vendría la pregunta que Putin lleva años queriendo formularnos: ¿morirían realmente soldados franceses, españoles o estadounidenses por Narva, Daugavpils o Suwalki?

El cuadro es todavía más inquietante porque Rusia ya no combate sola. Corea del Norte ha suministrado ingentes cantidades de munición y misiles y ha desplegado alrededor de catorce mil soldados en Rusia desde 2024. Moscú vuelve además a emplear misiles balísticos norcoreanos KN-23 contra Ucrania. Y justo ahora Donald Trump ha ordenado reducir drásticamente los ejercicios Ulchi Freedom Shield con Corea del Sur, de once a cinco días, invocando otra vez su supuesta relación especial con Kim Jong-un. Debilitar esa alianza mientras Pyongyang ayuda materialmente a Putin constituye una nueva traición de Trump a Occidente. Europa debe prepararse para la guerra, precisamente para evitarla: “Si vis pacem, para bellum”. Y esto se traduce en rearme acelerado, más defensa antiaérea y antidrones, reservas de munición, protección de infraestructuras y capacidad europea para actuar incluso si Washington vacila. Significa también abandonar el fetichismo de la “escalada”. Ninguna doctrina sensata puede obligarnos a esperar pasivamente el primer golpe si existe evidencia inequívoca de un ataque ruso inminente. En semejante supuesto, dentro de los estrictos requisitos de necesidad, inminencia y proporcionalidad que impone la legítima defensa, atacar preventivamente las capacidades militares dispuestas para agredirnos podría ser menos temerario que permitir que Rusia elija cuándo, dónde y cómo comienza la batalla.

Putin ha convertido Rusia en una potencia revisionista que interpreta la prudencia occidental como debilidad. Ucrania lleva cuatro años comprándonos tiempo con sangre. Aprovechar ese tiempo exige dejar de fingir que otra guerra europea es inconcebible. Ante la amenaza rusa, Europa y Occidente se juegan el ser o no ser. Un mundo condicionado por una Rusia hegemónica sería más pobre, más inseguro y muchísimo menos libre. La mejor manera de impedirlo es conseguir que Moscú sepa, antes de intentarlo, que no puede ganar.

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