Al saludarse en un lugar de provincias

COSAS QUE NO CONVIENEN

Publicado: 30 nov 2025 - 05:40
Al saludarse en un lugar de provincias
Al saludarse en un lugar de provincias | @txarka.ilustracion
  1. Desde el otro lado de la calle. Saludarnos no debería ser algo doméstico y eficiente. Ya sea en una capital o en una aldea circular, siempre se debe uno acercar al saludado para demostrar proximidad y prosopopeya. Nada garantiza que nos volvamos a ver.
  2. Levantando el mentón. Algo tan tristemente usual en una pequeña ciudad episcopal como la nuestra. Un mentón en alto significa distancia y torpeza y manifiesta el peor de los desprecios.
  3. Con falsa prisa. Hay que desconfiar del que tiene ambiciones, del pretende llegar a algún sitio, del que quiere alcanzar algo y además rápidamente. Nada se merece la urgencia, siquiera en el recado cotidiano. Aquel que saluda diciendo que tiene que irse debería centrarse en su insulsa misión particular y no intentar ejercer de semejante con sus semejantes.
  4. Rígido y tacaño. El encuentro con el otro, aunque sea cotidiano y reiterativo, tiene que tener algo de pequeña fiesta. Debe exigirse alguna mueca cercana a la celebración. Estamos poco tiempo en esta vida maravillosa e incomprensible.
  5. Sin curiosidad. Lo mejor de envejecer en un lugar pequeño es asistir al proceso de derrumbe propio y de tus semejantes. Es mandatorio interesarse por las penas y alegrías del otro y sus familias y compartir extrañamiento en estos años entre dos oscuridades.
  6. Con la exageración del engorilado. Nuestros ancestros sabían que la efusividad y la hipermotivación de tipos fuertes era una cosa horripilante poco merecedora de la gratitud social. Huyamos del entusiasta de salón, del bravucón que grita y refugiémonos en el bisbiseo secreto de la agradable vida silenciosa.
  7. Sin incluir a los muertos. Reconocer a un cuerpo es también saludar a un espíritu y a los difuntos y fantasmas que vienen con cada uno. Hay que dar espacio a esta presencia coral que forma el nosotros e incluir a todos los espectros con los que hacemos vecindario.
  8. No sonreír. Debemos fingir una buena cordialidad y, si hace falta, decir palabras que no se quieren mientras se vigila el brillar de ojos y el temblar de boca propios para que el gesto sea el correcto. Interesa en ese momento la eficacia, la limpieza, la relación oxigenada del buen vecino.
  9. Sin chocar de cuerpos. Coincidir con un parroquiano debe manejar códigos importantes, antiguos, de tribu primigenia. Manos y hombros deben ser chocados y las energías vivas de cada vecino transmutarse en el otro. Que haya baile de electrones en cada saludo.
  10. Pensar que habrá muchos más. El saludo tiene mucho de reparación y de entusiasmo comunitario. Hay que aprovechar un saludo como si fuera siempre la última despedida. Para dejar un buen recuerdo en el otro, hay que cuidar los holas y los adioses.

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