Salvemos el claustro de San Francisco

Publicado: 04 feb 2009 - 01:00 Actualizado: 11 feb 2014 - 00:00

En estos momentos, cuando la tropelía ha sido cometida, cuando el claustro del convento de San Francisco -obra de gran interés de nuestra ciudad- se debate entre la ruina y la maleza, parece no tener ya sentido que una vez más nos preguntemos quién ha podido consentir tal atentado contra nuestro patrimonio artístico. A pesar de ello, queremos creer que nuestra pregunta aún tiene la utilidad, una vez más, de la denuncia pública, de la crítica y del reproche.

Aunque en diferentes grados, todos debemos sentirnos un poco responsables del desmantelamiento de esta obra de arte que ya en 1929, durante la dictadura de Primo de Rivera, sufrió la amputación de la fachada y la cabecera de la iglesia que fueron trasladadas al Parque de San Lázaro.

Ahora, durante los gobiernos socialistas de Pérez Touriño y Rodríguez Zapatero, está a punto de perder, sino lo ha perdido ya, su claustro gótico. Sin lugar a dudas, los responsables materiales de este daño irreparable son las instituciones. Todavía tenemos presentes las mentiras y el tira y afloja que se vienen sucediendo en torno a este asunto. En el año 2006 la ministra de Cultura no duda en mentir en sede parlamentaria al afirmar que las obras se estaban haciendo y pagando. A comienzos del 2007 la prensa nos sorprende con la noticia de que el nuevo ministro de Cultura firma con la Xunta un convenio para la creación de la Biblioteca pública y el Archivo provincial en el cuartel de San Francisco de Ourense ¿ ? Más tarde el teniente de alcalde, aprovechando las vacaciones del alcalde, echa mano del abandono que sufren las obras para fustigar a su socio, el cual a su regreso visita al ministro de Cultura para disgusto del teniente de alcalde. A finales de año el vicepresidente de la Xunta, Anxo Quintana, después de entrevistarse con Rodríguez Zapatero con motivo de no haber apoyado la recusación de la ministra de Fomento, anuncia posibles transferencias a la Xunta entre las que se encuentra la del Conjunto Cultural de San Francisco, ¡vaya patata caliente! El año 2008 estuvo marcado por los sucesivos anuncios sobre la reanudación de las obras que nunca llegaron a materializarse, además de una carta del alcalde al juez, protagonista también de todo este desacierto.

No podemos olvidar la repercusión negativa que las decisiones judiciales están teniendo sobre la recuperación del monumento, víctima de una Justicia lenta y caduca, incapaz de hacerse entender y de saber arbitrar soluciones que puedan proteger a un bien cultural como es el claustro de San Francisco del deterioro irreparable o, en el peor de los casos, de la destrucción.

También los ciudadanos tenemos nuestro grado de responsabilidad en que las cosas hayan sucedido de manera tan grave. Hace años que se viene dando la voz de alarma sobre lo que estaba aconteciendo en San Francisco y, a pesar de que el tiempo jugaba en contra, no hemos sabido exigir con contundencia actuaciones y responsabilidades. Toda sociedad debe salvaguardar su patrimonio cultural asumiendo la obligación no sólo de conservarlo para generaciones posteriores, sino incluso de procurar dejarlo en mejores condiciones de las que nosotros lo hemos recibido. Los ourensanos, si queremos cumplir con esto, debemos requerir inmediatamente a las tres administraciones públicas: Ministerio de Cultura, Xunta de Galicia y Ayuntamiento de Ourense, que lleguen sin dilación a los acuerdos necesarios para poner freno al derrumbe del claustro.

Hoy deseo conservar la esperanza a pesar de constatar que los bienes de los orensanos no han sido protegidos por quienes gobiernan las distintas instituciones y que tenían el deber de hacerlo. Por ello, como último recurso, es necesario la implicación y el esfuerzo de toda la sociedad ourensana para exigir un compromiso firme con que alcanzar una urgente y definitiva solución. Exigencia que presentamos no sólo al Gobierno central, principal responsable, sino también a la Xunta, por haberse dejado llevar por la pasividad, y al Ayuntamiento en el que primó un bipartidismo discordante.

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