Sánchez, Ceuta y la guerra de Gila

EDITORIAL

Publicado: 06 sep 2026 - 07:00

Desde hace cuarenta días Ceuta vive asolada por un drama que va más allá de una crisis migratoria, aunque su inicio se produjo como consecuencia de una marea de decenas de miles de personas, con un gran número de menores de edad, que fueron arrojados sobre su territorio como si fuesen bombas. Una versión del siglo XXI de la Marcha Verde sobre el Sáhara español ocurrida el 6 de noviembre de 1975, dos semanas antes de la muerte de Franco, vulnerabilidad que quiso aprovechar Marruecos ante la frágil situación del gobierno de España en aquel momento.

¿Habrá pensado de nuevo Marruecos que vivía España bajo un gobierno tan frágil como para aprovechar otra vez la coyuntura?

Lo cierto es que, desde las elecciones de julio de 2023, el gobierno de Pedro Sánchez, nacido de un pacto con Junts, firmado por Puigdemont y Santos Cerdán el 9 de noviembre de ese mismo año, se ha tenido que enfrentar, una tras otra, a una sucesión de catástrofes, cada una más grave que la anterior. La primera fue la firma de ese acuerdo que a cambio de asegurarle la Moncloa a Sánchez pondría en marcha la ley de Amnistía para los condenados por el procés. Tres meses después llegaría el caso Koldo, que acabaría con José Luis Ábalos y su asesor en la cárcel. La penúltima, la imputación del expresidente Rodríguez Zapatero. Porque la última, al menos por el momento, es Ceuta.

Tantos días de holganza después de la violación de la integración territorial del país que preside no parece propio de un presidente coherente con sus palabras. “Tengo derecho a descansar”, argumentó. Sí, pero no. Ni las vacaciones están sobrevaloradas, como desafortunadamente dijo Feijóo, ni el presidente de un Gobierno tiene derecho a descansar cuando su país afronta una crisis sin precedentes.

Al día siguiente de contarse ya por decenas de miles el número de personas que habían entrado en Ceuta de manera irregular, Pedro Sánchez hizo una declaración pública en la que calificaba esos hechos como una “violación de la integridad territorial de España”.

Después de tal afirmación del viernes 31 de julio por parte de un presidente de Gobierno que ve amenazada la integridad territorial de su país era de esperar que las decisiones y los hechos fuesen consecuentes con la gravedad de la situación por él denunciada. ¿Y qué fue lo que sucedió? Pedro Sánchez subió a un Falcon del Ejército del Aire al día siguiente, sábado 1 de agosto y se fue a Lanzarote, para iniciar sus vacaciones en el Palacio de la Mareta con su familia. El 25 de agosto se vio obligado a suspender su viaje a Andorra para practicar bicicleta de montaña por la presión mediática.

Tantos días de holganza después de la violación de la integración territorial del país que preside no parece propio de un presidente coherente con sus palabras. “Tengo derecho a descansar”, argumentó. Sí, pero no. Ni las vacaciones están sobrevaloradas, como desafortunadamente dijo Feijóo, ni el presidente de un Gobierno tiene derecho a descansar cuando su país afronta una crisis sin precedentes. Lo que ha hecho Sánchez es propio del protagonista de un chiste de Gila que llamaba al enemigo con el fin de que empezase la ofensiva más tarde para no tener que madrugar. Chistes al margen, la actitud de Sánchez delata una irresponsabilidad absoluta y un empoderamiento absolutista de tal magnitud que ha dejado en mera anécdota las horas que pasó Mazón en el Ventorro mientras caía un diluvio sobre Valencia.

Ceuta vive las consecuencias de un diluvio humano que ha causado más de un centenar de muertes, que tiene colapsados todos los recursos sociales y sanitarios de la ciudad autónoma, que ha visto desbordados a los efectivos de los cuerpos de seguridad del Estado pero Sánchez, antes que activar los recursos necesarios para atajar esta situación crítica, ha preferido no ofender al gobierno de Marruecos e irse de vacaciones. Y lo peor: Sánchez ha vuelto con la arrogancia de siempre y Ceuta sufre como nunca.

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