Miguel Abad Vila
TRIBUNA
Una sanidad McDonalizada
TRIBUNA
El sociólogo George Ritzer utilizó este concepto para describir cómo los principios que rigen la comida rápida se va extendiendo a ámbitos cada vez más amplios de nuestra vida social. Y si en un primer momento su análisis parecía una provocación académica, hoy resulta difícil no reconocer estos mismos patrones en uno de los espacios más sensibles de cualquier sociedad.
El primero es la eficiencia, entendida como la búsqueda del método más rápido y aparentemente racional para alcanzar un objetivo. En el ámbito sanitario se traduce en unos circuitos asistenciales cada vez más acelerados, agendas saturadas, consultas cronometradas y protocolos rígidos que priorizan despachar al paciente en el menor tiempo posible. La eficiencia, sin embargo, se confunde con la prisa. Cuando el objetivo es no comprender procesos, la atención pierde profundidad y la relación clínica se empobrece.
La McDonaldización implica que la salud se convierta en un menú estandarizado, un producto de consumo más. Y así nos van las cosas.
El segundo es la contabilidad, que pone todo su acento en lo cuantificable: número de pacientes atendidos, tiempos medios de espera, altas hospitalarias, intervenciones realizadas. La calidad asistencial queda desplazada por aquellos indicadores numéricos que permiten comparar centros y profesionales como si fueran líneas de producción. Pero no se cuantifican la escucha, la confianza, ni el acompañamiento emocional, cruciales para el bienestar del paciente. La previsibilidad constituye el tercer pilar de esta lógica global. Ahora la sanidad tiende a ofrecer experiencias homogéneas: mismos protocolos, mismas guías clínicas, mismos recorridos asistenciales, con independencia de la singularidad de cada persona. El sistema busca reducir la incertidumbre, pero lo hace a costa de tratar situaciones complejas como si fueran idénticas. El paciente es más una categoría administrativa que una biografía concreta, con sus condicionantes sociales, culturales y emocionales.
Finalmente está el control, ejercido mediante el peso creciente de la tecnología. Historias clínicas electrónicas, algoritmos de decisión, pruebas diagnósticas automatizadas y sistemas de triaje sustituyen progresivamente al juicio profesional y la autonomía clínica. La McDonaldización implica que la salud se convierta en un menú estandarizado, un producto de consumo más. Y así nos van las cosas.
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