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Publicado: 19 nov 2025 - 03:05
Opinión en La Región
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Dinero llama a dinero suele decirse. El refrán tiene una base económica porque quién tiene cuartos puede invertir para aumentarlos, y así sucesivamente. Pero distintos investigadores que han hurgado en las tripas de los microdatos del Ministerio de Hacienda y del Instituto Nacional de Estadística (INE) han demostrado que el aforismo también se cumple en materia amorosa, que los ricos se casan con los ricos y que los pobres lo hacen con los pobres. Es decir que el matrimonio no sirve como ascensor social, ni para reducir la desigualdad, más bien todo lo contrario, al unirse dos personas con alta capacidad económica se perpetúan las diferencias en la distribución de la renta. O sea, que el amor en estos casos no es ciego, sino con el bolsillo de la cartera en el lado derecho y trabaja en un medio ambiente que le es propicio y en el que se reúnen personas que comparten educación, estilo de vida e ingresos y que además se reúnen en medios específicos donde otras tienen vedado pasar, de tal forma que se produce una suerte de selección natural, en la que triunfa el gen del dinero.

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