Siempre tú

¡ES UN ANUNCIO!

Publicado: 22 ago 2026 - 05:10
Opinión Isaac Pedrouzo
Opinión Isaac Pedrouzo | La Región

Tengo tatuajes debajo de la piel que nunca nadie va a llegar a ver. Nadie excepto tú. Experta reparadora de extremidades dormidas. Las mías, sobre todo, que estuvieron esquivando miedos. Trasplantando días para ver si así no se morían.

Llegaste sorteando con habilidad tus propios fantasmas, espantando los míos entre las frases sueltas de las conversaciones. Y me mirabas desde el otro extremo del sofá. Que solo tenía dos plazas como si fuese un acto deliberado porque no necesitábamos a nadie más. En el sofá azul de dos plazas te reíste por primera vez de mi tic involuntario al escribir. La cabeza hacía un lado como el rodillo de una Olivetti al terminar.

Clinc. Y volver a empezar.

Volver a empezar. Con el armario compartido. Con el croissant de mantequilla al desayuno, que el otro está muy seco y te da sed. Y los lunes huevos fritos y Solís y arroz, que los lunes a veces cuestan. Ahora los lunes a veces te vas.

Conocí otro modo de querer. Uno desinteresado, sin devoluciones ni silencios. Que no sabré hacer tortilla de patata pero puedo seguir intentándolo si lo pides.

Entendí que el mundo es más cruel de lo que parece si se presta atención, descubrí que te inventas palabras que ahora forman parte de nuestro propio diccionario. Wachuflinski. Chiqui Chiqui. Que nos miran raro cuando no nos damos cuenta de que hay más gente alrededor.

Llegaste para voltear mi postura conformista ante la vida, para enseñarme que todavía se puede, que si las piernas aguantan hay que continuar. Caminando, no corriendo. Y los miedos se quedaron por el camino entre cajas de cartón amontonadas. Entre mudanzas. En el hueco vacío que separa el miedo de la libertad. Los huecos vacíos que llenaste cuando más lo necesitaba.

Que los baches, como los fantasmas, los fuimos sorteando con pericia, a veces con un cachopo, otras con el murmullo de los domingos en que decidimos que el mundo no se merece contar con nosotros.

Y como pasa el tiempo, que de pronto son seis años, y quisiera que todo el mundo disfrutase de ti, y al mismo tiempo no quiero que nadie más lo haga. Llegaste justo cuando pensaba que ya no iba a ser. Y remetiste la sábana bajera porque te daba manía al dormir, como si algún trasno imaginario fuese a comerte los pies, tus pies, los que rozo por las noches para comprobar que es cierto.

Que estás ahí.

Con tus quejas modestas, que los pisos están muy caros y los perfumes duran poco en piel. Con todas tus distintas maneras de bailar. Con tus afirmaciones conformistas en suspiros porque hay pescado para comer, pero con tu felicidad desmedida porque compré Boca Bits. Porque, después de seis años seguimos aquí.

Me lo dijiste en un temblor “nunca fui tan feliz”.

Cuando aparecen los miedos quedan algunos sitios que no están a oscuras. En todos, siempre apareces tú.

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