Sergio Otamendi
CRÓNICA INTERNACIONAL
La demolición del "orbanismo"
RECORTES
Gaspar Zarrías es uno de esos inquietantes personajes que vive de ser uno de los llamados socialistas históricos. Madrileño de nacimiento pero con profundas vinculaciones con Andalucía -su familia procede de la provincia de Jaén-, se licenció en Derecho y desde los primeros años de la década de los 70 en el pasado siglo se ha dedicado a ser hombre de partido.
Ha sido consejero de política en su dirección hasta que sacó plaza en el Parlamento Andaluz cuando la preeminencia socialista era allí materia intocable y no se movía un papel sin ser previamente controlado por su Gobierno. Pasó por el Senado y volvió a Andalucía para desempeñar la cartera de Industria y Comercio en el ejecutivo de Manuel Chaves hasta convertirse en su hombre de confianza, desempeñar con él la vicepresidencia, y sustituirlo como presidente interino cuando estalló la bomba de los ERE.
Zarrías es todavía secretario de Relaciones Institucionales y Política Territorial en la Ejecutiva Federal, una situación que casi equivale a que te manden el sueldo a casa
Chaves salió escopetado rumbo a Madrid para ocupar una inoperante y ficticia cuando no distópica vicepresidencia tercera y cartera de Relaciones con las Comunidades, y Zarrías se quedó en la garita hasta la llegada de Griñán, tiempo en el que resolvió salir de allí lo antes posible antes de que todo volara por los aires obteniendo como recompensa una secretaria de Estado de Cooperación Territorial que lo puso a resguardo de lo que venía detrás. Hoy es todavía secretario de Relaciones Institucionales y Política Territorial en la Ejecutiva Federal, una situación que casi equivale a que te manden el sueldo a casa.
El problema que suele presentarse a este perfil de personajes que van de un cargo a otro en consonancia con sus necesidades y que reciben correspondientes recompensas por trabajo realizados que los facultan para aterrizar en canonjías excelentemente remuneradas pero desprovistas de grandes esfuerzos y más pensadas para que no mermen las retribuciones que dar golpe, es que a veces obligan a declarar ante el juez. Y a Zarrías le ha tocado a estas alturas de la película. Ha reconocido que le otorgó a Leire la Fontanera nada menos que 16.000 euros para llevar a cabo sus maniobras orquestales en la oscuridad. El socialista histórico lo es para lo bueno y para lo malo. Lo malo toca ahora.
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