No son las borrascas, son los ministros

EDITORIAL

Publicado: 17 abr 2026 - 06:10
Editorial.
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Hay quien piensa que la sucesión de borrascas que padecimos los pasados meses de enero y febrero ha dejado en un pésimo estado la mayor parte de las carreteras que cruzan la provincia de Ourense. Baches, desprendimientos, grietas… La verdad es que la situación en la que se encuentran la A-52, la gran arteria que nos comunica con el resto de España, o carreteras como la N-120, que conecta Ourense y Valdeorras, y así también las nacionales 525, 540, 541... ya era un peligro mucho antes de que las lluvias torrenciales del invierno les diesen el puntillazo. No se trata de una situación coyuntural, consecuencia del mal tiempo, sino un déficit que se ha convertido en estructural, hasta el punto de que hay baches que tienen más años que los radares instalados por la Dirección General de Tráfico en algunas infraestructuras viarias. Lo que hace una década eran baches se han ido convirtiendo en socavones cada vez más grandes, minando la seguridad de quienes transitan esas carreteras. Los automovilistas y transportistas sufren las consecuencias de ese deterioro en forma de reventones, averías y percances que ponen en riesgo su propia vida y la de otros conductores.

Porque a las carreteras gallegas en general y las ourensanas en particular lo que las ha llevado al actual punto de degradación no fue este tren de borrascas sino otro tren, mucho más largo y nocivo: el de los ministros de Fomento, primero, y Transportes, después, que han contribuido con su indiferencia hacia la situación de nuestras infraestructuras a crear una red viaria por la que circular se ha convertido en un auténtico peligro. Los mismos ministros que aplazaban una y otra vez las obras de la alta velocidad. Desde Magdalena Álvarez, famosa por su desprecio por nuestra Comunidad, que se delató con aquella alusión despectiva al “Plan Galicia de mierda”, hasta el actual, que parece más entretenido en atender las redes sociales que las de carreteras. Y en el medio, joyas como José Luis Ábalos, al que hoy sabemos que le interesaba más saber cómo colocar a sus amantes en empresas públicas que los asuntos propios de su cargo y que, dicho sea de paso, se gastó más dinero en sórdidas fiestas que en la reparación de los baches de cualquiera de las carreteras ourensanas que eran de su competencia.

La desfachatez ya no es solo que no cumplan lo prometido, sino que tampoco mantienen las carreteras y autovías que heredaron

Las obras del AVE, lentas, llenas de paralizaciones, incompletas -y en lo que ya está funcionando lo hace con una calidad cada vez peor-, parecían enmascarar una realidad que ahora se constata: Galicia y Ourense no es que estuviesen en el último lugar de la lista de prioridades de esos ministros, es que ni siquiera aparecía en ella. Eso sí, bien se preocupaba el Ejecutivo, sobre todo el actual, de colocar sobre el terreno delegados y subdelegados del Gobierno, auténticos palmeros, más ocupados en loar obras, sobre todo en vísperas electorales, que a la hora de la verdad nunca llegaban a materializarse, que llevar el recado a sus jefes del descontento y las protestas locales ante tan larga acumulación de incumplimientos.

Es patética esa lista, así como las esperas. Desde la circunvalación norte, bautizada hace 32 años, aunque todavía no haya nacido (no hay ni un solo kilómetro en servicio) a la A-76, la autovía de Ourense a Valdeorras y Ponferrada, que después de más de veinte años sigue siendo tan solo una línea en un papel. Y el historial de la A-56 entre Lugo y Ourense lleva las mismas trazas.

Pero la desfachatez ya no es solo que no cumplan lo prometido, sino que tampoco mantienen las carreteras y autovías que heredaron. Se limitan, como pasa en la A-52, a cerrar carriles o a poner señales de peligro. No solo no saldan sus deudas sino que además, con su inacción, nos hacen más pobres, al llevar al extremo de la precariedad el estado de nuestras carreteras. Son el reflejo de un Gobierno que dedica todas sus energías a mantenerse en el poder a costa de lo que sea y con el coste que sea de los ciudadanos. Les importa un comino. Y si esos ciudadanos somos ourensanos, ni un comino siquiera.

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