El soplo

EL ÁNGULO INVERSO

Publicado: 01 jun 2025 - 00:45
Alba Fernández
Alba Fernández

JUEVES 29 Quizás sea el periodista que mejor conoce el lado oculto de la triste historia de ETA. Fernando Rueda. También conoce los entresijos de los infiltrados no sólo en ETA sino también de la extrema derecha. Un periodista al viejo estilo, de raza, su máxima es que la prensa está para controlar el poder. En estos tiempos los poderosos no dejan meter la nariz en sus asuntos a nadie. Cuenta él: “En principio yo era muy amigo del presidente Felipe, de Aznar y otros. Cuando comencé a escribir sus cuitas les creció un gran odio hacia mí”.

Pero yo tengo mi historia con un etarra que llevaba en prisión más de diez años. Pero te cuento hermano lector. Era el año 89 del pasado siglo. Yo, seguía la máxima de Truman Capote y de Hemingway, “si quieres escribir bien has de pasar al menos un par de meses una prisión. Entre otras cosas para ver con los ojos del delincuente lo que había hecho”.

Me hice cargo del tema, así que llevaba a un preso que contaba sus andanzas, poníamos buena música sin olvidar a los clásicos Chunguitos y Los Chichos. Un éxito. Todo el mundo nos sintonizaba en kilómetros a la redonda.

Cuando llegué fue una suerte. Estaba de director Bermúdez, un hombre progresista que creía en la reinserción y que decía “el patio no puede ser lugar de perezosos y vagos”. Increíble, logró que la Diputación le cediera una emisora completa. Emitíamos tres días por semana. Me hice cargo del tema, así que llevaba a un preso que contaba sus andanzas, poníamos buena música sin olvidar a los clásicos Chunguitos y Los Chichos. Un éxito. Todo el mundo nos sintonizaba en kilómetros a la redonda. Por allí venía con frecuencia el inolvidable Jaime Quessada y Vidal Souto que habían hecho un brillante mural a lo largo del interior de la prisión. ¡Qué gran hombre el director Bermúdez! Yo enviaba mis artículos a este periódico desde la prisión. Mira tú, la Cope se interesó por nuestro programa y los domingos al mediodía emitíamos una hora para toda Galicia.

No hace tanto Maribel Outeiriño intentó rescatar las cintas de los programas guardadas en una caja fuerte, pero siempre se han negado a entregárselas. Mi redacción era especial. Allí tenía contrabandistas, atracadores, tipos con delitos muy graves, pero en la radio funcionaban y estaban encantados con su trabajo.

Pero te cuento. En esos años había en Pereiro un grupo de etarras. La dirección de prisiones decidió dispersarlos por centros españoles. No tenían mucho contacto con el resto de internos. ¡Cuánto le rogué a Bermúdez que me dejara ir al patio donde estaban ellos!

Por fin, un día accedió. Había un etarra que siempre estaba solo en el patio. Allá entré un día. No me recibió mal. Era un tipo alto, inmutable, curtido en muchas prisiones de España.

(Una mañana lluviosa en que lo visité lo vi más alegre que de costumbre. Cierto es que hablábamos de todo menos de su organización. Pero ese día había tenido un “vis a vis” y había recibido un paquete con libros y cosas. -Venga Iñaki, cuéntame qué pasó contigo, hombre. Él se echó a reír y se lanzó. “Tendría yo 17 años y la organización me metió en un taller donde solían ir los coches de la Guardia Civil. Yo les pasaba información de las matrículas y esas cosas. Un día llegó un coche averiado que venía de Madrid. Era un coche discreto sin ningún detalle de la Guardia Civil. Va el encargado y me dice mira ese coche que está ahí al fondo. Yo como siempre muy discreto abría los maleteros. ¡Bingo! Allí estaban más de quince matrículas listas para camuflar los coches que patrullaban luego la ciudad. Di el soplo. ¡La que se montó! Me mira Iñaki, sonríe pícaro bueno, no te cuento más”).

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