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TRIBUNA
Recientemente el diario La Región publicaba una información bastante preocupante. Según datos del Instituto de Medicina Legal de Galicia (Imelga), durante el pasado año 2025 en la provincia de Ourense se registró un homicidio frente a 48 suicidios.
Y calificamos este dato como preocupante no precisamente por el único homicidio, indicativo de un alto nivel de seguridad ciudadana, sino por el número tan elevado de suicidios que vendría a traducirse aproximadamente en unos 16 por 100.000 habitantes.
¿Dónde se registran más suicidios a nivel mundial? Este infortunado ranking lo encabeza Lesoto, el pequeño país africano austral, con 87,5 casos, seguido de Guyana con 40,8, Eswatini (antigua Suazilandia) con 40.4, Corea del Sur con 28,9, Lituania con 26,1 y Surinam con 25,4 casos por 100.000 habitantes.
Desde el punto de vista epidemiológico, la Organización Mundial de la Salud (OMS) califica la tasa ourensana como una de las más elevadas, al superar los 15 casos por 100.000 habitantes, siendo ésta más típica de países con inviernos prolongados, elevadas tasas de aislamiento social o problemas estructurales profundos (altas cifras de pobreza, fácil acceso a pesticidas y altas tasas de alcoholismo y desintegración familiar). Y tal vez alguna particularidad especial también debe haber en nuestro caso.
Detrás de cada cifra existe una historia personal, una familia rota y un entorno social incapaz de detectar el sufrimiento de las víctimas, en demasiadas ocasiones.
Los homicidios resultan siempre espectaculares. Acaparan titulares y generan un enorme impacto social. Pero una tragedia más silenciosa continúa creciendo día a día, lejos de los focos mediáticos. La tasa ourensana de suicidios es la más elevada de Galicia y también supera de largo la media nacional.
Esta tendencia ascendente preocupa mucho a los profesionales sanitarios, particularmente a los especialistas en salud mental. Porque detrás de cada cifra existe una historia personal, una familia rota y un entorno social incapaz de detectar el sufrimiento de las víctimas, en demasiadas ocasiones.
¿Y todo esto por qué?. Los especialistas coinciden en que el suicidio responde a una combinación de factores de tipo psicológico, social y económico, donde se combinan la depresión y la ansiedad con otras patologías como la soledad y las enfermedades crónicas, el consumo de sustancias, las dificultades económicas y la disgregación social.
En España, el suicidio sigue siendo la causa principal de muertes no naturales, alrededor de 4000 al año. Pero en nuestra provincia, opinamos que el aislamiento y la soledad tienen mucho que ver. Esa desesperación y sufrimiento silenciosos que a todos se nos siguen escapando.
Durante demasiados años, la estigmatización del suicidio ha dificultado enormemente su prevención y tratamiento. Y aunque todavía quede camino por recorrer, los especialistas proponen incrementar la atención psicológica en la sanidad pública, mejorar la detección precoz de las conductas autolíticas desde Atención Primaria y combatir la soledad no deseada.
Nos enfrentamos a una prioridad colectiva y a una necesidad inaplazable.
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