Los susurros del diablo

EL ÁNGULO INVERSO

Publicado: 26 abr 2026 - 08:05
Alba Fernández
Alba Fernández

Me quedo atónito. Me llega por correo un libro delirante y sorprendente. Se titula “Salamanca underground”. Es un libro atrevido y valiente, que cuenta el lado oscuro de las décadas de los 60 en adelante. Aparezco en sus páginas. Yo llegué allí en los 70. Me matriculé en Derecho pero en seguida supe que lo mío era el Periodismo. Y allí, en el mítico diario El Adelanto me acogió cálidamente el director Di Siena, que sale también en el libro.

Allí preparé aquel jodido ingreso en la Escuela Oficial de Periodismo. Ahora son miles, pero en aquella época éramos apenas 70 en cada curso. El periódico era claramente de izquierdas. Yo no estaba allí por casualidad cuando guerrilleros de Cristo Rey tirotearon la fachada.

Yo recitaba el poema de Carlos Oroza: “Malú. Malú es una hierba que se cultiva en el Nepal”. Mientras tanto, un radiocassette tocaba música frenética.

Pero volvamos al libro. El protagonista no podía ser otro que un pícaro. No olvidemos allí tuvo sus aventuras el pillo Lazarillo de Tormes. Ciertas noches cruza la ciudad mientras camina por el filo de la navaja y escucha como el diablo le susurra a sus oídos. Cuenta Daniel Cruz de aquella noche en que hubo un happening en la calle. Una mujer desnuda con una larga culebra a la cintura danzaba y se retorcía en el suelo como una gata en celo. Mientras, yo recitaba el poema de Carlos Oroza: “Malú. Malú es una hierba que se cultiva en el Nepal”. Mientras tanto, un radiocassette tocaba música frenética.

Cielo santo, como éramos entonces. En aquella ciudad llena de poetas, roqueros, altivos ganaderos y maletillas. Sí, de maletillas, tipos casi adolescentes, inmunes al desaliento, que por las noches saltaban las cercas de las fincas ganaderas para aprender el oficio de torero. Tuve la suerte de conocer el mundo del toro. Mi director Di Siena me enviaba a las corridas para entrevistar a los protagonistas. Cuánto me impresionó siempre el Viti. Siempre erguido, torero en la plaza y en la vida. Su mirada limpia y serena. Pero que no se me vaya la olla.

Daniel escribe de la enigmática banda de rock Clan Mensaje. Lástima, Daniel, que no nos viéramos antes para contarte la movida. Allá nos fuimos a Peñaranda a hacer un bolo. Nuestro guitarrista Flores, del que dices que “le sacaba sin anestesia las tripas a una guitarra eléctrica”. Yo era, digamos, el vocalista. Recitaba con ritmo un poco punk y solía decir barbaridades. Alguien me denunció por mi lenguaje. Dijo que era “agresivo y obsceno”. De nuevo, el director Di Siena arregló el asunto. Cómo es la vida, un día Flores nos dijo: “Abandono. Tuve una visión, tomaré la biblia y predicaré por el mundo”. Así se disolvió Clan Mensaje.

Voy leyendo el libro con emoción. No puedo evitar hablar de aquella chica de la que estaba perdidamente enamorado. Llevaba un mes con ella, pero sucedía que cuando llegaba cerca de su casa, siempre había unos niños y adolescentes que no cesaban de tirarme piedras. Como macho español, caminaba impertérrito hasta su portal. Días después, supe la causa. Un camarero amigo me contó: “es que hasta hace un mes, esa moza era la novia de la estrella del equipo de fútbol, en aquellos tiempos poderoso, de la Unión Deportiva Salamanca”.

“Salamanca underground. Una crónica urbana, social y políticamente incorrecta” es un libro escrito con mala leche y brillantez, lleno de eso tan olvidado que es la autenticidad. Incisivo y crítico, le saca el antifaz de cielo a esas lejanas décadas. Pronto llegó el naufragio del desencanto. Jamás pensamos que llegarían estos tiempos dulcemente analgésicos. Alguien escribió que el tiempo es un carnicero eficiente.

(Entonces no creíamos en la poesía de los eruditos sino en la inspiración. Vas leyendo y el libro te invita a repensar lo pensado en este extravío en que vivimos. A esquivar las trampas tecnológicas y a rescatar el rebelde que habitó en ti).

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