Manuel Herminio Iglesias
DENDE SEIXO-ALBO
A realidade supera á ficción
Hace años que los calendarios, sobre todo los llamados de bolsillo, y las felicitaciones de Navidad han despertado mi curiosidad y, sin llegar al coleccionismo, me he dedicado a guardar todos aquellos que llegan a mis manos. Evidentemente, es por estas fechas cuando les suelo prestar mayor atención, esto me ha llevado a observar como en los últimos años los diseños y modelos han evolucionado con gran rapidez para adaptarse a los gustos y mensajes de una sociedad muy cambiante.
En la actualidad, las formas de comunicarse nada tienen que ver con las de hace tan solo unas pocas décadas, lo que ha propiciado la aparición de unos competidores tecnológicos que de forma irremediable están llevando a calendarios y tarjetas, si no a su desaparición, sí a una reducción drástica. Por una lado los relojes, teléfonos móviles, ordenadores y agendas electrónicas, todos ellos de uso tan cotidiano y todos ellos con calendario incorporado. Mientras por otro lado, la caída en desuso de ciertas normas de cortesía, la falta de tiempo y el bajo coste han favorecido que la felicitación virtual y los SMS ganen adeptos frente a la tarjeta tradicional.
Las tarjetas navideñas o christmas nacen en el siglo XIX -la primera española que se conoce data de 1831-. Desde entonces su difusión ha ido en aumento alcanzando grandes niveles de popularidad a medida que nos adentramos en el siglo XX. En España, a partir de la década de los sesenta, tarjetas y calendarios estimulan la industria de las artes gráficas al aumentar su demanda. La temática de la tarjeta era siempre religiosa y se completaba con paisajes neva dos. Aquí tenían cabida las reproducciones de obras de arte alusivas al tema de la Natividad, las pintadas con la boca, con los pies o las de Unicef que llegaron a España por primera vez en 1959. Mención especial merecen los christmas de Ferrándiz, artista que conocía el oficio a fondo y que supo adaptarse a las preferencias del momento, creando unos modelos de gran sencillez y ternura que resultaron novedosos y de gran aceptación.
Desde finales del siglo XX hay una rápida evolución debida tanto a la competencia de los nuevos sistemas de telecomunicación como a la necesidad de intentar asegurar su supervivencia. Así clientela, temática y mensaje sufrirán transformaciones. Del envío entre familiares y amigos se pasa a un uso generalizado por parte de bancos, empresas y centros comerciales que hasta estos momentos las enviaban de forma más limitada. De igual manera sucede en las instituciones y en la Administración.
El contenido sufre una profunda transformación ya que, en la mayoría de los casos, desaparece el tema religioso para ser sustituido por temas dispares y con frecuencia ajenos a la Navidad, fruto de convertir en laico lo que es una fiesta religiosa. El afán de restar a la tarjeta navideña significado religioso ha transformado el mensaje. Se renuncia a las palabras tradicionales de paz, amor y prosperidad en favor de frases lapidarias o estrofas de no se sabe quién.
Desde el punto de vista estético es justo reconocer que la tarjeta navideña actual, favorecida por una mayor libertad y mejores técnicas, aporta, en muchos casos, una creatividad y una originalidad de las que carecía la tra dicional. Los calendarios de las últimas décadas también sufrieron cambios significativos no solo debidos a las mejores técnicas en el campo de la fotografía y de la impresión, sino también en cuanto a la temática y al mensaje. Calendarios grandes y pequeños pasan de una temática que giraba preferentemente en torno al santo de la cofradía, las mascotas juguetonas, el paisaje alpino o la chica del calendario en diferentes versiones, a otro tipo de calendario de mayor calidad y tamaño -lámina por mes- y con una preferencia por exaltar los grandes monumentos, ciudades o paisajes de ensueño que acaban alegrando las uniformes paredes de algún lugar de trabajo. Incluso la chica de calendario adquiere un cierto glamour.
La entrada del siglo XXI coincide con nuevos cambios marcados por el deseo de todos los patrocinadores de dejar patente su compromiso social, su solidaridad y su preocupación por el medio ambiente, hasta tal extremo se ha extendido esta preocupación social, que los amantes del calendario del paisaje de ensueño o de la obra de arte cada vez lo tienen más difícil, por mucho que defiendan que la difusión cultural también es solidaridad.
Por si fuera poco, después de todos estos cambios y avatares, en la actualidad calendarios y tarjetas se enfrentan a un nuevo reto: la crisis económica. Ésta, merma no solo su tamaño y calidad, sino también lo que es más importante ¡su número! Las tarjetas cada vez llegan a menos hogares. Del mismo modo sucede con los calendarios, ya que conseguir algún ejemplar se está convirtiendo en tarea de experimentados porque se requiere discreción y cierto secretismo para no herir la sensibilidad del que se ha quedado sin él.
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