Afonso Vázquez-Monxardín
A anormalidade normal
Para algunos, el cambio climático es un asunto distante que vive aún en estimaciones científicas y gráficos de previsiones. Sin embargo, el tema ya está presente en decisiones aparentemente triviales. Por ejemplo, a la elección entre preparar un buen cocido -óptimo para calentar el estómago- u organizar una churrascada con amigos.
Después de una semana de máximas superiores a los 30 grados, la lluvia caía este viernes en el exterior de la Plaza de Abastos número 1 de la ciudad. “Empezamos hoy a vender cachucha, chorizos y esas cosas”, confiesan en Industrias Rebollo. Los clientes se iban animando a comprar ingredientes para platos de cuchara. “Pero también se sigue vendiendo filete y chuleta, que es lo práctico del verano”, matiza Tere, quien detalla que “se está vendiendo mucha falda para churrasco, y menos para hacer cocido”.
Si la temporada de churrascadas se alarga y relega a los cocidos, la moda también experimenta cambios. “El comercio de ropa depende mucho del tiempo”, explica Javier Enciso, de J&J. En el interior del local, un perchero ya tiene sus abrigos dispuestos, buscando dueño. “Acabo de vender una parka, pero es circunstancial”, afirma: “Hasta que no venga el frío, en invierno es más complicado”.
El caso es que la solución a esta encrucijada “es difícil”, aunque se muestra “optimista”. Pero el cambio es innegable: “En vez de venir el veranillo de San Miguel, han venido 15 días con una temperatura totalmente anormal para esta época del año”.
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