Torrente y Sánchez presidentes

TRAZADO HORIZONTAL

Parecidos de película con la realidad española. El cine de Segura es un CIS fiable que retrata el régimen político

Publicado: 22 mar 2026 - 04:10
Santiago Segura con Torrente, líder de NOX en el film.
Santiago Segura con Torrente, líder de NOX en el film. | Europa Press

Si uno va a ver ‘Torrente, presidente’ debe fijarse en la reacción del público y no sólo en la película y su recaudación millonaria. Observar en qué momentos se ríe el personal y si acepta o rechaza los descarnados chistes políticamente incorrectos que denuncian con inteligente sátira el absurdo momento político y social que vive España. ‘Torrente, presidente’ es un lienzo que el espectador co-pinta con garabatos de crudeza mientras pasa un buen rato, pero en modo alguno es una comedia cutre, soez y ligera porque está repleta de mensaje y crítica sociológica que retrata con precisión siglas y comportamientos. En estos tiempos de penuria democrática y medidas tardías anticrisis, Santiago Segura es mucho más certero que las encuestas del CIS y el cocinillas de José Félix Tezanos, antes sanchista que socialista y sobre todo agitador del relato cloaquero y fangoso que se lleva en este régimen. El director hace una profunda radiografía de la España de hoy en la que el uso político de la inmigración, el movimiento LGTBI, las paguitas compra-votos y otros trucos electoralistas se derriten como azucarillos caramelizados a la puerta de un colegio de pago repleto de hijos de Ferraz. Segura disecciona con bisturí de forense todos los tópicos y engaños de la política española usando el mismo lenguaje que habitualmente utilizan los padres de la patria y los medios o pseudomedios críticos, sincronizados, subvencionados y desamparados. Torrente va de la homofobia a la xenofobia con la fatalidad con la que la propaganda política somete a un electorado bien intencionado víctima del mitin en cabestrillo y en ocasiones atrapado en las trampas de la manipulación y de la dependencia política, económica y mediática. Que el protagonista se llame José Luis Torrente es una afortunada casualidad que amenaza con convertir su carrera presidencial en un Ábalos encarcelado cualquiera. Que el personaje Pedro Vilches sea la expresión cinematográfica presidencialista de Sánchez, siempre mirándose en el espejito, espejito con el que perpetuar su estafa social es una realidad que escapa a los sueños de la gran pantalla para convertirse en la pesadilla del espectador no radicalizado. Que por encima del poder de la política se mueven los intereses del dinero hasta confluir en métodos “mafiosos” con los que mantener el control de los pueblos es una evidencia que invita a reflexionar al votante espectador, siempre deslumbrado por la televisión y el marketing político mientras los mandamases de establishment manejan los hilos en las sombras del club Bilderberg y los arrebatos de dominio expansionista de Trump, Putin y la China roja capitalista ante una Europa despistada.

Todo es un disparate de realidad que la ficción no supera, en la España actual Sánchez y Torrente pueden ser presidentes.

La lista interminable de cameos, que no desvelaré para que Segura no se cabree y me acuse de spoiler, es tan transversal que no deja lugar al linchamiento malintencionado de los bots en redes. Los más finos críticos y la Academia de cine jamás le reconocerán a Segura, como merece, su contribución al cine y al entretenimiento. Y en este convulso discurrir del mundo, ‘Torrente, presidente’ se cuela como un escape al control político que clarifica y forma opinión pública mientras deja a nuestra clase dirigente en un merecido ridículo reparador con el que superar el estropicio del sanchismo. El comienzo de ‘Torrente, presidente’ transita entre la duda y la lentitud para encontrar en los parecidos a la realidad el camino más efectista del guion. La película cobra vida con el debate televisivo en el que Torrente se cuela como candidato a presidente: demagogia, reparto de sillones, puertas giratorias y toda clase de abusos políticos afloran en la gran pantalla bajo el murmullo del público ante análisis tan certero. A partir de ese momento, la narrativa de Segura captura la esencia ultra-cómica del partido ficticio NOX al que representa como un tierno y despiadado “facha”, al tiempo que pone en evidencia las debilidades progres del “rojerío” pijo y del trabajador despistado con o sin conciencia de clase.

En esta sexta entrega de Torrente, Santiago Segura se enfrenta al enfriamiento de la saga debido a sus incursiones en la comedia familiar comercial. Le cuesta conectar de nuevo con el público tras 12 años de parón, pero lo logra con el atrevimiento y desafío político encapsulado en guiños nada ficticios superados por la propia realidad española.

Como se dice al comienzo de ‘Torrente, presidente’, “cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia... es una putada”. En la película no hay nada que no esté habitualmente en los informativos de radio y televisión, periódicos o internet.

En el fondo, Santiago Segura parodia las campañas electorales y la grotesca política nacional, donde lo que menos importa es el ciudadano mientras se suceden las teorías conspirativas, los discursos de (h)odio, los escándalos de sexo, el puterío, la corrupción y todo el fango que muestran los noticiarios. Tras los últimos resultados electorales, “Torrente, presidente” parece premonitoria ante futuras citas con las urnas. Todo es un disparate de realidad que la ficción no supera, porque en la España actual Sánchez y Torrente pueden ser presidentes.

La derechita valiente

Santiago Abascal vio como las elecciones de Castilla León le bajaron los humos.
Santiago Abascal vio como las elecciones de Castilla León le bajaron los humos. | Europa Press

Las elecciones de Castilla y León le han bajado los humos a Santiago Abascal, que últimamente se había vuelto un antisistema, anti-PP, anti pactos y anti purgados. Abascal no tiene más remedio que recular y volver al redil de la derecha para evitar el sanchismo perpetuo. Las urnas dicen que debe pactar con el PP, verdadero ganador de 10 de los 12 últimos procesos electorales salvo Euskadi y Cataluña. Una obligación pactista siempre desde la proporcionalidad de los resultados. La izquierda radical se desangra mientras el PSOE resiste con los votos de Podemos, Sumar y el outsider Alvise, quien dio tres escaños a los socialistas para quitárselos a Vox. La derechita valiente ha de serlo de verdad para dejar de jugar a ser la sustituta de lo que Abascal llama “derechita cobarde” del PP. Pero la verdadera puntilla está por venir tras la retirada presupuestaria de Illa y Sánchez. Con las elecciones andaluzas, Feijóo y Moreno no sólo se juegan la mayoría absoluta en el feudo socialista. Está en juego un adelanto de las generales y una nueva derrota del sanchismo y resto de la izquierda radical. Con todo, Abascal seguirá siendo actor de reparto, pero jamás protagonista.

Leyenda negra

El rey Felipe VI.
El rey Felipe VI. | Europa Press

No le corresponde al Rey, sino al Gobierno, salvar la próxima cumbre iberoamericana en España. Por eso chirría que Felipe VI haya reconocido “abusos en la conquista de América”, inducido por Moncloa para satisfacer a México en sus críticas de leyenda negra y lograr que dicha cumbre no sea residual como las últimas. Que López Obrador y Sheinbaum exijan disculpas a la Corona no quiere decir que se deba pedir perdón por un proceso de colonización que tuvo más luces que sombras. No lo hace, pero la Corona arriesga con un juicio en presente de hechos históricos de siglos pasados. Eso descontextualiza la realidad positiva civilizadora y evangelizadora transformada por los enemigos de España en genocida e inquisitorial. Se entienden las prudentes palabras de Felipe VI que pidió también valoración “en su justo contexto y sin excesivo presentismo moral”. Pero una vez más la Casa Real ha sido víctima de Sánchez, porque a la presidenta mexicana le parece un gesto insuficiente. Se veía venir, pues México invitó al Mundial a todos los jefes de Estado del mundo, no sólo a nuestro Rey. La acusación de expolio no se borrará con palabras, sino con firmeza y verdad histórica.

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