Iván González Decabo
DIARIO LEGAL
El IVA franquiciado para autónomos: España, a contracorriente de Europa
DEAMBULANDO
Leyendo la trilogía de ese comunicador científico que es Juan Luis Arsuaga, quien se ha preocupado del fichaje de la inteligente pluma del neandhertal Juan José Millás para publicar al alimón esos tres libros: La vida contada por un sapiens a un Nehandertal, La muerte contada por un sapiens a un Nehandertal y La conciencia contada por un sapiens a un Nehandertal, que de esta última me ocuparé después de una reposada lectura por segunda vez, para penetrar en ese super organismo llamado cerebro o más bien encéfalo.
Millás hace peguntas, a veces las plantea el paleontólogo que hace viajar al escritor de acá para allá, por sitios insospechados pero imprescindibles para explicar cómo ese cerebro que no llega al quilo y medio de peso es capaz de contener, de clasificar y de ordenar todo y de cómo percibe el mundo a pesar de estar encerrado en la bóveda craneal sin padecer ni sentir nada. Las percepciones le llegan de las conexiones nerviosas en todo el organismo como la vista, el oído, el gusto, el tacto, el olfato. Y si no siente, porque es capaz de sentir dolor allí donde se produce y no en su ordenador central.
Amenos libros que hacen digestiva y comprensible su lectura y que dan idea de que tenemos magníficos científicos
Para mí lo más interesante es la localización del yo, de lo que somos, de nuestra mente lo que comporta nuestra identidad, en la parte central frontal del cerebro personalidad que podría transferirse a un ordenador, lo que pasa es que carecemos del conector de transferencia de un organismo vivo a una máquina. Arsuaga y Millás se plantean la existencia de Dios concebido como la máquina en sí mismo y no como creador de ella, a modo de un relojero universal, que está en la luz, el universo, en todos y cada uno de nosotros, el famoso Deus ex machina.
Arsuaga y Millás se plantean la existencia de Dios concebido como la máquina en sí mismo y no como creador de ella
Y si de cerebro hablamos los hallazgos de los neurocientíficos nos irán sorprendiendo cada vez más porque ya lo último es ese reciclado diario que hace de las impurezas que va generando nuestro ordenador biológico, que ya es el colmo de la complejidad de este nuestro cuerpo y de lo que es capaz de hacer para evitar intoxicaciones de las neuronas evacuando las impurezas que genera todo organismo biológico; solo que hay una salvedad en este funcionamiento de limpieza diario, que es si lo sometemos a ese pastillaje diario de ansiolíticos y otras adormideras químicas que se van implantando para que los que padecen insomnio y estrés puedan conciliar algo su sueño en detrimento de este barrido de impurezas que se irán acumulando y deteriorando, por consiguiente, el sistema cognitivo.
Arsuaga todavía no se metió con esto, acaso porque son estudios de última hora o por no querer complicar más a su nehandertal compañero.
Amenos libros que hacen digestiva y comprensible su lectura y que dan idea de que tenemos magníficos científicos, amén de comunicadores a la altura de los celebérrimos Carl Sagan, Javel Harari. No hay que perderse Nuestro Cuerpo, de Arsuaga, en cuyo libro se explica la función de cada órgano o miembro humanos y cómo se fue adaptando a su función y todo partiendo cuando la vida nació en el mar cuando una planta se desgajó de su tallo para ser autónoma y poder desplazarse de acá para allá.
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