Jesús Prieto Guijo
Abierto en canal
PUNTADAS CON HILO
Salir a pedir perdón por la trama corrupta de su Gobierno y de su partido es una falta de respeto a la ciudadanía y a la razón por parte de Pedro Sánchez. Decir que se enteró por la prensa, en la misma mañana del miércoles, de las corruptelas de sus secretarios de organización, no es creíble en absoluto. Confesarse decepcionado y frustrado por la confianza depositada en Santos Cerdán, y hacerlo a punto de echarse a llorar, es una buena interpretación teatral, como mucho. Salir de víctima de un engaño por parte de sus colaboradores más próximos, como ha dicho Pedro Sánchez, es una broma pesada. No asumir ninguna responsabilidad de lo sucedido con las personas más próximas a su entorno es una evidente irresponsabilidad, impropia de un jefe de Gobierno. Mostrar hacia Santos Cerdán el desprecio que mostró Sánchez en su comparecencia también provocará resentimientos que se le volverán en contra.
Los socialistas estarán abrumados y van a necesitar una buena cataplasma, un emplasto que suavice los efectos del trauma tan doloroso. Serán más mentiras, pero mentiras piadosas de las que Pedro Sánchez tiene la patente
Todo eso ha sucedido después de conocerse el informe de la UCO para el Tribunal Supremo, que ha dejado al PSOE abierto en canal. Sin posibilidad de respuesta satisfactoria para ellos, ni para sus militantes ni para sus cómplices de Gobierno. Pedro Sánchez está dando sus últimos estertores al frente del Gobierno. Tras su comparecencia de la tarde del jueves, va a tener que trabajar duro para tejer un relato que pueda tranquilizar algo a los votantes. Los socialistas estarán abrumados y van a necesitar una buena cataplasma, un emplasto que suavice los efectos del trauma tan doloroso. Serán más mentiras, pero mentiras piadosas de las que Pedro Sánchez tiene la patente. Eso lo que va a pasar de ahora en adelante, mientras dure en La Moncloa. Pedir perdón no es suficiente.
Todos aquellos que lo llevaron al poder están implicados en maniobras delictivas. No son personas o políticos ajenos o colaterales, son justo aquellos que le pusieron en La Moncloa. Son los que trabajaron codo con codo. Aquellos que hicieron kilómetros y kilómetros por las carreteras españolas para lograr la secretaria general del PSOE, con pucherazos incluidos. Son los que negociaron la moción de censura; los que pagaron la contraprestación a Puigdemont por la investidura de Sánchez, forzando los límites del sistema jurídico español hasta lo imposible. Estos eran los que mantenían unas relaciones de complicidad pero de gran desconfianza, tal como lo demuestra el hecho de que hayan guardado grabaciones de sus conversaciones telefónicas comprometidas, sus mensajes comprometedores. Si lo guardaban todo es porque necesitaban un seguro en caso de traición de alguna de las partes. Y si llegó a manos de la UCO es porque la policía se encontró con facilidades para encontrarlo. No hay duda.
El presidente del Gobierno se muestra ahora como la figura bíblica del gigante con pies de barro. Su base aparece deleznable, debilitada, inconsistente y eso va a tener un precio muy alto si no convoca elecciones ya.
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