Chito Rivas
PINGAS DE ORBALLO
O rumor da quietude
El tiempo corre veloz y sin darnos cuenta pasamos de un verano asfixiante a un invierno y una dana que nos aflige a todos. Esta es la realidad del momento. Y en este domingo la iglesia comienza el tiempo de Adviento, un tiempo de esperanza y de espera para el nacimiento de Cristo.
Es un tiempo para estar siempre vigilantes y despiertos pidiendo fuerza a Dios en la oración hasta el fin. La vigilancia del Adviento es la actitud esencial y libertadora propia para toda la vida del cristiano y la condición para activar y practicar las virtudes teologales, porque la vigilancia es la esperanza activa
Porque la Navidad no es ni mucho menos un tiempo folclórico o en todo caso un momento para la promoción y venta de la sociedad de consumo. Resulta paradójico un tiempo de esperanza para el nacimiento de un Niño que es Dios, y que en nuestras calles y centros comerciales se vuelque la propaganda. Es impresionante por ejemplo lo que ocurre en Vigo cuando se llenan las calles de centenares de miles de bombillas multicolores. Sería muy triste que estas fiestas para muchos sean únicamente los colores y las luces hasta el punto de que se convierten estos días sólo en unas fiestas profanas.
Cuando san Francisco de Asís montó el primer belén en Italia, la tónica era la sencillez y la paz, resonando el “Gloria a Dios en las alturas”. El Adviento se caracteriza por dos condiciones: tener la mente vacía y los corazones leves, sin lastre de pecado, de las tres amenazas a la vigilancia: el vicio, la bebida y el dinero, que son indicadores de la maldad alojadas en el interior del hombre pecador aún sin convertirse al reino de Dios. De aquí el examen de cada uno delante de Dios.
Es un tiempo para estar siempre vigilantes y despiertos pidiendo fuerza a Dios en la oración hasta el fin. La vigilancia del Adviento es la actitud esencial y libertadora propia para toda la vida del cristiano y la condición para activar y practicar las virtudes teologales, porque la vigilancia es la esperanza activa. Es la fe que se expresa en el trabajo y en el trato con todos los que nos rodean es la inquietud que nos duele y amor que no os deja dormir cuando se trata de transformar y construir nuestro mundo donde tantos hermanos esperan una mano amiga que pueda contar con nosotros.
El Adviento, para los creyentes, es un tiempo diferente de esperanza y para renovar nuestra fe y limpiar nuestro interior para la llegada del Rey de Reyes que es el Niño que nace en Belén.
Un tiempo muy lejano a la propaganda y a tanto ruido exterior que nos aturde y no nos deja mirar hacia dentro de nosotros mismos. El centro de las fiestas de Navidad es precisamente el Nacimiento de un Niño que viene a dar otra visión del mundo, lejano al materialismo, la propaganda y la diversión sólo exterior.
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