Chito Rivas
PINGAS DE ORBALLO
O rumor da quietude
Ya lo hemos dicho aquí, como recuerda la Iglesia: el Adviento es un tiempo de espera, de preparación para recibir al que viene a salvarnos. Eso es el tiempo de Adviento, en el que sobresalen unos personajes fundamentales: la Virgen, de la que ya hablamos el día de la Inmaculada, y después Juan el Bautista y, por supuesto, la figura del Niño de Belén. Toda la liturgia de la Iglesia gira en estas semanas previas a la Navidad en torno a estos fundamentales personajes.
Todo lo demás será “adorno” y propaganda externa.
Porque en realidad poco a poco hemos ido convirtiendo el tiempo navideño en una época en la que la propaganda se nos cuela por todas partes. Y olvidamos la humildad del Portal, la sencillez y candor de María y el gran signo y realidad que es para todos los creyentes esa fecha que ha cambiado el mundo y llevamos más de 20 siglos con ese cambio.
La cultura cristiana es mucho más que un periodo de la historia. Podemos decir que es “la Historia”. Marginarla y pretender suplantarla por otros eventos es prescindir de la verdadera realidad de lo que aconteció en Belén y Nazaret hace más de veinte siglos..
Poco a poco hemos ido convirtiendo el tiempo navideño en una época en la que la propaganda se nos cuela por todas partes
Por desgracia, comprobamos cómo en realidad algunos marginan la historia verdadera suplantándola por otros eventos que, desde luego, no pertenecen a lo que significa el acontecimiento en el Portal de Belén. Duele inmensamente observar cómo algunos pretenden cambiar la historia y sustituir al Niño de Belén por otros personajes venidos de fuera y que nada tienen que ver con la verdadera Navidad. Y a ello se llega después de una programación “propagandística” y colorida que a lo único que favorece es a la cultura del tener, del consumo y la propaganda debidamente programada.
Imaginen lo que gastan los grandes centros comerciales en promociones reiteradas de tantos productos que nada tienen que ver con lo ocurrido en aquel célebre portal. Una inmensa propaganda que solo pretende engrosar las arcas económicas de quienes las programan muy sibilinamente un mes antes de la fecha clave, que es el 25 de diciembre.
Mal haría la Iglesia dejándose contagiar con ese ambiente de propaganda por doquier durante más de un mes. Sería colaborar ciegamente con algo muy distante de lo que significan estos días. Por eso duele que en algunos templos se hayan dejado contagiar por este estilo hasta el punto de que se crea una tremenda confusión.
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