Jorge Vázquez
SENDA 0011
Lo que no se cuenta en el escenario
España, la UE y el mundo entero se sumergen en la Eurocopa 2024 de Alemania y los Juegos Olímpicos de Paris. Se agradece este receso deportivo global para librarnos del castigo del fango, las amenazas, los ultimatums y demás recursos postizos de la posverdad con los que nos martirizan desde el poder político. Tras el debut de España en la Eurocopa y el sesudo análisis de las elecciones europeas, quizás convenga recomendar a nuestros padres de la patria que se miren en el espejo del deporte para devolver la nobleza a la política; para recuperar los valores olímpicos del juego limpio. Toda generalización acarrea injusticias, y, por tanto, en todas los campos hay profesionales buenos, malos y regulares. Pero lo que estamos viendo en la clase dirigente española de un tiempo a esta parte roza el larguero de la ofensa autoritaria, por emplear un término balompédico del momento. El olimpismo es la medalla de honor del deporte, y el fútbol de la Eurocopa contribuye al escape social, al movimiento de masas y pasiones con el que canalizar los sueños de victoria y el espíritu patriótico de la competición. Pero en la política apenas quedan principios no escritos, que diría Sánchez, valores reglados que respeten el fair play esculpido en las tablas de la ley y la Constitución.
Compromiso social y público. Gobernar para todos y no contra el adversario. Vocación más que profesión
La política ha dejado de ser una vocación para convertirse en una profesión. En ella se desenvuelven todo tipo de especies e individuos, unos con más ética y preparación que otros. En las ruedas de prensa ya no hay romanticismo ni ideas, pues apenas quedan insultos y partidismo, amenazas a los jueces y la prensa libre. El lenguaje que se utiliza es soez, siempre en posición de ataque al contrario, como el defensa leñero que infringe constantemente el reglamento. Casi no quedan en la política virtuosos creativos equiparables a los Rodri, Carvajal y Yamal. En una comparecencia de media hora, las palabras “fachosfera, ultra, fango o bulo” se pronuncian como si el objetivo fuera batir un récord olímpico. Resulta que hay una “internacional ultra” formada, según la socialdemocracia progre, por los delanteros Feijóo, Abascal y Alvise. Y en el otro equipo sólo quedan “corruptos, comunistas y autócratas” al servicio del nuevo caudillo del régimen, enterrador junto a sus socios de la obra y la concordia del 78 conocida como Transición.
Apenas tenemos líderes como es debido, como los de antes, líderes capaces de ilusionar a la sociedad y de guiarla por el camino esperanzador del futuro, progreso y prosperidad. Miras en el escaparate y cuesta distinguir políticos capaces de entenderse entre sí, de escucharse y construir en común, de velar por los mandamientos sagrados del interés general y el bienestar de la sociedad que te ha votado para gobernar sin distinción de colores ni credos. Ya no hay un Kennedy que pregunte aquello de “qué puedo hacer por mi país”. Encontrar hoy un Winston Churchill que predique la templanza como precepto primero del dirigente y el “coraje en la política como madre de todas las virtudes del gobernante” es tarea imposible. Y tener “un sueño” como Martin Luther King es inviable, cuando aún convivimos con el racismo y con la desigualdad entre ciudadanos y territorios fomentada desde el poder con condonación de 15.000 millones y leyes arbitrarias como la de la amnistía para seguir bajo cobijo de la impunidad.
En las ruedas de prensa ya no hay romanticismo ni ideas, apenas quedan insultos y partidismo, amenazas a los jueces y a la prensa
La vieja escuela de los padres de la Constitución en la que todos cedieron para llegar a una entente colectiva con la que vivir en democracia se ha liquidado con los populismos, con la ambición desmedida por el poder, con la obsesiva voluntad de destrucción del contrario en vez de sumar en beneficio de la sociedad española. En todos los tiempos han existido desavenencias, confrontación y otras tentaciones con las que movilizar apoyos y destruir el edifico de la democracia.
Pero antes se hacía con otro código ético y moral, con más elegancia, con mayor altura de miras. Se insulta, se amenaza, se miente, se engaña, se roba, se filtra con finalidad política, sin restricciones de ningún tipo, como si fuera una práctica admitida en las reglas de la política. Los Suarez, Felipe, Carrillo o Fraga son el pasado reaccionario, y sólo se observan jarrones chinos que estorban a los emergentes, a esos que se sintieron indignados para echar a los demás hasta convertirse en la casta que criticaban.
Políticos a la vieja usanza como Rubalcaba, Almunia, Anguita, Aznar o Rajoy son denostados porque disienten, porque discrepan, piensan y existen. Ahora todo es atropello. Lo que el marianismo llamó en su libro ‘Política para adultos’ ha derivado en la ligereza de la moda epistolar, cual ‘Manual de resistencia’ a toda costa. Quizás Feijóo aún se siente de aquel tiempo pasado que fue mejor, de la vieja escuela de la política. A veces se le ve incómodo, desubicado lejos de Galicia, seguramente porque la política se ha convertido en un territorio inhóspito que sólo se puede conquistar con un cambio limpio y respetuoso desde los olvidados valores del deporte con espíritu olímpico.
Carlos Alcaraz asaltó Paris y amenaza con hacerlo de nuevo en los Juegos Olímpicos de verano. Ganó el Roland Garros y se convirtió en el nuevo mosquetero español que sigue los pasos infinitos de Rafa Nadal. Su victoria ante Zverev en 5 ajustados sets de épica, fuerza mental, esfuerzo y sufrimiento le han convertido en el tenista más joven de la Historia en ganar tres Grand Slam en tres superficies distintas: la tierra batida de Roland Garros, la hierba de Wimbledon o la dura del Open USA. Alcaraz ya fue número 1 del mundo, y ahora es el número 2, por detrás de Jannik Sinner y por delante de Novak Djokovic, la otra gran leyenda en activo del tenis junto a Nadal. El himno español sonó de nuevo en la pista de Phiippe Chatrier y la bandera ondeó con el respeto y la admiración de un público entregado al español. La conquista de Alcaraz le permite alcanzar su sueño, y añade su nombre a los de Santana, Gimeno, Bruguera, Moyá, Costa, Ferrero, Nadal, Arancha y Muguruza. Uno de ellos, Juan Carlos Ferrero, es ahora su entrenador, y el mítico Nadal será su compañero de dobles en la olimpiada de Paris, aunque ambos jugarán el individual.
Peleteiro vuela alto
La gallega Ana Peleteiro se ha convertido en la otra gran protagonista deportiva de la semana junto a Díaz Fortún, ambos medalla de oro en triple salto en el campeonato de Europa disputado en Roma. Peleteiro multiplica sus expectativas para los Juegos Olímpicos de París junto al cubano nacionalizado español, y también optarán a medalla como Alcaraz y Nadal, entre otros deportistas españoles. Ana Peleteiro Brion, de 28 años, nació en Ribeira, y ya obtuvo medalla de bronce en la olimpiada de Japón de 2020. En 2013 fue galardonada con el premio Princesa de Asturias como mejor deportista menor de 18 años. Y ahora, con su acento gallego, pasea el nombre de Galicia y de España por el mundo. Ana Peleteiro denunció insultos racistas en redes sociales tras saltar 14,85 metros. Pero su simpatía y carisma hacen olvidar enseguida lo malo para glosar su grandeza deportiva. Peleteiro no sólo deslumbró con su triple salto, y también con la tierna imagen familiar de su marido y su hija pequeña, que se llama Lúa. Lágrimas de felicidad que dejan ver el sol y la luna para celebrar una medalla de oro que puede volver a relucir en la olimpiada parisina.
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