Eduardo Medrano
TAL DÍA COMO HOY
CAMPO DO DESAFÍO
Nacieron ambos, Mario Vargas Llosa y Jorge Mario Bergoglio, en 1936; fallecieron en el intervalo de unos pocos días. Latinoamericanos y con cierto gusto o, al menos, sin temor, a levantar polvaredas con sus opiniones a contracorriente de las comúnmente aceptadas. Visiones, quizá, del nuevo mundo que se ponen por montera los dogmas y prejuicios del viejo. Entre Vargas Llosa y el papa no se ha sabido que hubiera encuentro o contacto alguno. Algo difícil de entender en el caso de Vargas, quien no dudaba en cruzar el globo por un buen reportaje con carga humana. Puedo suponer que a Francisco, precavido, le resultaran más amables e inofensivos los algodonosos pellizcos de monja de Javier Cercas o Jordi Évole, salvando todas las distancias vitales e intelectuales, con el implacable bisturí argumentativo del peruano premio Nobel.
“Las políticas antiinmigrantes están condenadas a fracasar, pero, en cambio tienen el efecto perverso de socavar las instituciones democráticas del país que las aplica y de dar una apariencia de legitimidad a la xenofobia y el racismo y de abrir las puertas de la ciudad al autoritarismo”
Vargas Llosa, que se declaraba agnóstico, consideraba que todas las religiones son dogmáticas y autosuficientes, convencidas de poseer una verdad absoluta y la autoridad moral necesaria para imponerla a los demás, aunque sea mediante baños de sangre. Todo ello no le impedía reconocer la función social que cumple la iglesia, “insustituible para garantizar una vida espiritual y una guía moral”.
En lo que sí hubieran coincidido el jesuita admirador del ejemplo de san Francisco y Vargas Llosa, para el que apenas ninguna de las mundanidades le era ajena, sería en el diagnóstico sobre la inmigración. Para el peruano, los inmigrantes ejercitan un derecho natural y moral que ninguna norma jurídica debería tratar de sofocar. “Las políticas antiinmigrantes están condenadas a fracasar, pero, en cambio tienen el efecto perverso de socavar las instituciones democráticas del país que las aplica y de dar una apariencia de legitimidad a la xenofobia y el racismo y de abrir las puertas de la ciudad al autoritarismo”. Palabras que recuerdan las de Bergoglio, al respecto de los muros que se alzan para impedir la llegada de migrantes y que acaban encerrando a quien los levanta.
Hubo al menos una ocasión en que Vargas Llosa se refirió directamente al papa Francisco. Fue con motivo de la visita de éste a Estados Unidos en 2015 donde, ante el congreso de aquel país, criticó el capitalismo “salvaje” y a la “dictadura de la economía”. Años antes, todavía obispo auxiliar de Buenos Aires, Bergoglio escribió que “el capitalismo carece de moral y promueve el comportamiento egoísta”. Vargas no creía que el papa se estuviera volviendo socialista y dejó una reflexión que sirve para explicar un papado: “La figura de este papa es muy interesante. Hace gestos y declaraciones que parecen de gran audacia, pero no hay nada prácticamente detrás de esas posturas”.
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