Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
En Portada: Te recuerdo Viana
CAMPO DO DESAFÍO
Nacieron ambos, Mario Vargas Llosa y Jorge Mario Bergoglio, en 1936; fallecieron en el intervalo de unos pocos días. Latinoamericanos y con cierto gusto o, al menos, sin temor, a levantar polvaredas con sus opiniones a contracorriente de las comúnmente aceptadas. Visiones, quizá, del nuevo mundo que se ponen por montera los dogmas y prejuicios del viejo. Entre Vargas Llosa y el papa no se ha sabido que hubiera encuentro o contacto alguno. Algo difícil de entender en el caso de Vargas, quien no dudaba en cruzar el globo por un buen reportaje con carga humana. Puedo suponer que a Francisco, precavido, le resultaran más amables e inofensivos los algodonosos pellizcos de monja de Javier Cercas o Jordi Évole, salvando todas las distancias vitales e intelectuales, con el implacable bisturí argumentativo del peruano premio Nobel.
“Las políticas antiinmigrantes están condenadas a fracasar, pero, en cambio tienen el efecto perverso de socavar las instituciones democráticas del país que las aplica y de dar una apariencia de legitimidad a la xenofobia y el racismo y de abrir las puertas de la ciudad al autoritarismo”
Vargas Llosa, que se declaraba agnóstico, consideraba que todas las religiones son dogmáticas y autosuficientes, convencidas de poseer una verdad absoluta y la autoridad moral necesaria para imponerla a los demás, aunque sea mediante baños de sangre. Todo ello no le impedía reconocer la función social que cumple la iglesia, “insustituible para garantizar una vida espiritual y una guía moral”.
En lo que sí hubieran coincidido el jesuita admirador del ejemplo de san Francisco y Vargas Llosa, para el que apenas ninguna de las mundanidades le era ajena, sería en el diagnóstico sobre la inmigración. Para el peruano, los inmigrantes ejercitan un derecho natural y moral que ninguna norma jurídica debería tratar de sofocar. “Las políticas antiinmigrantes están condenadas a fracasar, pero, en cambio tienen el efecto perverso de socavar las instituciones democráticas del país que las aplica y de dar una apariencia de legitimidad a la xenofobia y el racismo y de abrir las puertas de la ciudad al autoritarismo”. Palabras que recuerdan las de Bergoglio, al respecto de los muros que se alzan para impedir la llegada de migrantes y que acaban encerrando a quien los levanta.
Hubo al menos una ocasión en que Vargas Llosa se refirió directamente al papa Francisco. Fue con motivo de la visita de éste a Estados Unidos en 2015 donde, ante el congreso de aquel país, criticó el capitalismo “salvaje” y a la “dictadura de la economía”. Años antes, todavía obispo auxiliar de Buenos Aires, Bergoglio escribió que “el capitalismo carece de moral y promueve el comportamiento egoísta”. Vargas no creía que el papa se estuviera volviendo socialista y dejó una reflexión que sirve para explicar un papado: “La figura de este papa es muy interesante. Hace gestos y declaraciones que parecen de gran audacia, pero no hay nada prácticamente detrás de esas posturas”.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
En Portada: Te recuerdo Viana
¡BUONE VISIONI!
“He-man y los Masters del universo”
Pilar Cernuda
CRÓNICA PERSONAL
Al sanchismo no le puede ir peor
Chicho Outeiriño
La despersonalización de las barriadas (I)
Lo último
Nueva tecnología
Los seguros, otra ventana de oportunidad en el negocio de la IA
DIÁLOGO ENTRE ADMINISTRACIÓN Y SINDICATOS
El plan de la Xunta para reducir las bajas laborales estará listo la primera quincena de julio
SIN CARNET, ITV NI SEGURO
Detienen a la conductora que se dio a la fuga tras arrastrar un agente en Verín