LA OPINIÓN
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A la vista de cómo ha transcurrido el verano y las noticias y análisis sobre el comienzo del nuevo curso político, Gobierno y oposición se encuentran en la misma tesitura con la que se fueron de vacaciones: no hay variación ni en el deseo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez de permanecer en el poder pese a que cada vez le resulte más cuesta arriba contar con los apoyos parlamentarios que necesita para poder gobernar, mientras que Núñez Feijóo no cesa de acumular descalificativos sobre la acción de gobierno de Pedro Sánchez, y fotocopia el programa electoral del Vox, sobre todo cuando pone el acento en los peligros de la inmigración.
Feijóo, tiene buenas y malas noticias al comienzo del curso. Sigue convencido de que Pedro Sánchez no concluirá la legislatura como pretende, que la falta de Presupuestos, el cerco judicial y la debilidad parlamentaria le obligarán a convocar elecciones.
La apertura del curso político realizada por Feijóo en Galicia ha sido más de lo mismo, una andanada a todas las políticas del Gobierno, -aunque alguno de los proyectiles ha impactado en la línea de flotación de la configuración del Estado de las autonomías-, porque está convencido de que los españoles apenas saben de competencias autonómicas y todo lo malo que ocurre se debe a la incompetencia del Ejecutivo. Si al comienzo del verano a Feijóo le sentaba bien Galicia y en la fiesta del Albariño avanzaba la posibilidad de que otra forma de hacer política era posible en nuestro país, aquello quedó en el olvido. Los incendios en tres comunidades gobernadas por el PP ha sido el combustible para reiterar argumentos y actitudes ya vistos con ocasión de la dana valenciana, la soledad de los presidentes autonómicos y que la responsabilidad sobre las consecuencias de lo ocurrido en ningún caso es suya. Por supuesto, nada de apoyar un hipotético pacto de Estado sobre emergencia climática actualizado con la propuesta realizada el lunes por Pedro Sánchez.
Feijóo, tiene buenas y malas noticias al comienzo del curso. Sigue convencido de que Pedro Sánchez no concluirá la legislatura como pretende, que la falta de Presupuestos, el cerco judicial y la debilidad parlamentaria le obligarán a convocar elecciones. Qué como mucho podrá aguantar hasta la celebración de las elecciones en Castilla y León y Andalucía, que darán la medida de su declive electoral. Sin embargo, las encuestas publicadas, que es preciso leer con toda prevención, le deberían obligar a una reflexión profunda porque varias coindicen en que más allá de la victoria del PP, que se alzaría con centenar y medio de escaños, Vox no deja de arrebatarle votantes, de lo que se derivaría o un Gobierno de coalición con Santiago Abascal de vicepresidente, o una investidura con la abstención de la ultraderecha que le tendría cautivo en el Congreso. Con el riesgo además de “que viene el lobo” vuela a movilizar a una izquierda en horas bajas,
El frente judicial deparará igualmente muchas sorpresas. El PP insiste en que Pedro Sánchez está cercado por la corrupción en su familia y en su partido, y sin duda todo lo que ocurra en relación al ‘caso Koldo puede influir en su futuro, en especial si hay atisbos de financiación ilegal del PSOE, pero en comparación con el gran escándalo de la política nacional que supone la actuación de la policía patriótica para espiar a los adversarios políticos o el ‘caso Montoro’, las acusaciones sobre la mujer y el hermano de Pedro Sánchez son incidentes de menor cuantía.
La buena marcha de la economía y el empleo, con todas las matizaciones que se quieran realizar, y los intentos de cerrar el paso a la alternativa no justifican el mantenimiento de Sánchez en el poder si no puede, aprobar los Presupuestos o al menos sacar adelante las políticas de izquierda con las que abordar los problemas de la ciudadanía en vivienda y empleo.
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